En apenas cinco meses, más de mil funcionarios de primera línea recibirán una recomposición acumulada del 123,8%, elevando los sueldos de los ministros por encima de los 8 millones de pesos mensuales.
El decreto 931/2025, blindado con las firmas del propio Milei y del jefe de Gabinete Manuel Adorni, funciona como un ascensor dorado para la cúpula libertaria. Con esta medida, un ministro que en diciembre de 2025 percibía 3,5 millones de pesos, pasará a cobrar en junio la friolera de $8.019.338. El esquema se replica en toda la jerarquía: los secretarios saltarán a los 7,3 millones y los subsecretarios superarán los 6,7 millones de pesos, acortando peligrosamente la distancia con los cuestionados haberes de los Senadores nacionales.
Esta secuencia de aumentos escalonados beneficia a una estructura de más de 500 cargos jerárquicos en organismos descentralizados, empresas públicas y entes autárquicos. Es la consolidación de una casta que recupera poder adquisitivo a una velocidad que envidiaría cualquier trabajador formal o informal de la Argentina, quienes apenas logran empatarle a la inflación mientras el Ejecutivo celebra la «limpieza» de las cuentas públicas a base de recortes en salud, educación y obra pública.
Para intentar suavizar el impacto político, el oficialismo incluyó una cláusula de «contención»: los aumentos se frenarían si el Estado registra déficit fiscal financiero. Sin embargo, este condicionante suena a ironía, ya que el superávit que financia estos sueldos VIP se sostiene precisamente sobre el ajuste que sufren los sectores más vulnerables. Mientras el presidente ultraderechista insiste en que su propio sueldo permanece intacto, permite que su equipo más cercano se asegure ingresos que los sitúan en una realidad paralela, cada vez más cerca de los 11 millones que perciben los legisladores.
En la cima de la pirámide estatal, la austeridad parece ser un concepto aplicable solo para «afuera». Aunque la Justicia y el Congreso mantienen todavía los números más altos del sistema, el Poder Ejecutivo ha decidido romper el techo de cristal de su propio relato. Con ministros facturando 8 millones de pesos, el eslogan contra la casta se diluye en un mar de decretos que priorizan el bienestar de los funcionarios por sobre el bolsillo de los ciudadanos que, todavía hoy, esperan que el ajuste también llegue a los despachos de Balcarce 50.

