Argentina / Economía | La nafta se fue al carajo en Misiones y ya no hay más premium a menos de 2.500 pesos

La escalada de precios no da tregua y el bolsillo de los ciudadanos vuelve a recibir un impacto directo que profundiza la sensación de angustia económica. En las últimas horas, los surtidores de la capital misionera amanecieron con nuevos incrementos, llevando a la nafta Premium por encima de la barrera de los $2.500.

Bajo la gestión del gobierno libertario del presidente ultraderechista, lo que antes era una excepción se ha convertido en una constante de incertidumbre donde el horizonte de alivio parece haberse borrado definitivamente del mapa.

En las estaciones Axion de Posadas, el litro de nafta Quantium escaló de los $2.499 a los $2.529, mientras que la opción Diésel Premium trepó hasta los $2.629. Estos movimientos, que se dan en el inicio de la semana, confirman que la desregulación total del mercado energético impulsada por la Casa Rosada deja a los consumidores locales a merced de una dinámica de aumentos que no tiene techo a la vista. La preocupación crece entre los conductores y transportistas que ven cómo sus ingresos se licúan frente al tótem de los precios.

La crisis en Misiones se siente con una dureza particular: según datos oficiales, el consumo de combustible en la provincia ya retrocedió más del 10% interanual. Esta caída en las ventas es el síntoma más claro de un mercado interno quebrado, donde la gente se ve forzada a elegir entre cargar el tanque o cubrir otras necesidades básicas. Mientras tanto, el resto de las petroleras mantiene la incertidumbre sobre sus propios cuadros tarifarios, alimentando un clima de inestabilidad que parece ser la marca registrada de este ciclo económico.

A nivel nacional, el panorama es igual de sombrío. El esquema de contención temporal que aplicó YPF llega a su fin, y el mercado aguarda con alarma nuevas definiciones tarifarias. Aunque la petrolera estatal intentó absorber parte de la suba internacional del crudo en los últimos meses, la presión por «sincerar» los precios -eje central del programa libertario- amenaza con nuevos saltos en el corto plazo. La pregunta que recorre las calles de Posadas ya no es cuánto va a subir, sino cuándo terminará este proceso de ajuste permanente.

La falta de una línea de llegada para la crisis genera un desgaste social que se percibe en cada estación de servicio. Con un sector productivo que enfrenta costos logísticos imposibles y una ciudadanía que ya no puede convalidar los nuevos valores, el combustible se ha transformado en el símbolo de una era donde la libertad de precios parece ser, en realidad, la libertad de seguir empobreciendo el consumo. Sin un plan que contenga la caída del poder adquisitivo, el surtidor sigue siendo el termómetro de una economía que quema más de lo que produce.