Argentina / Economía / Sociedad | Delgada línea de la vulnerabilidad: No ser pobre no te hace clase media según el INDEC porteño

Superar la línea de pobreza en la Ciudad de Buenos Aires no garantiza, ni mucho menos, el ingreso al tradicional confort de la clase media porteña. Según los últimos datos del Idecba (Instituto de Estadísticas y Censos de CABA) para abril de 2026, una familia tipo necesita al menos $1.513.033 para no ser considerada pobre, pero quedar en ese nivel solo la ubica en el estrato de "no pobres vulnerables". Esta categoría define a miles de hogares que, aunque cubren sus necesidades básicas, viven en una zona de riesgo donde cualquier imprevisto económico puede devolverlos al fondo de la pirámide social.

Ser «no pobre vulnerable» implica haber salido de la urgencia alimentaria y de servicios mínimos, pero carecer de la espalda financiera necesaria para la estabilidad. En términos estadísticos, este grupo percibe ingresos que oscilan entre los $1.513.033 (Canasta Básica Total) y los $1.907.612 (Canasta Total). Es un sector que «flota» sobre la línea de pobreza, pero que no tiene acceso a los consumos, el ahorro o la previsibilidad que caracterizan a los sectores medios, enfrentando un día a día de presupuestos extremadamente ajustados.

Datos que ayudan a entender la situación de crisis existente.

La distancia entre este escalón y la clase media es todavía de casi un millón de pesos. Para el organismo estadístico porteño, la clase media propiamente dicha comienza recién en los $2.384.515. En el medio, existe incluso otro estrato denominado «sector medio frágil» (entre $1.907.612 y el piso de clase media). Esta división técnica demuestra que hoy existe una brecha significativa entre dejar de ser pobre y alcanzar un estándar de vida que permita costear servicios adicionales, como una prepaga o gastos de recreación.

La vulnerabilidad de este grupo radica en su exposición directa a la inflación de servicios y bienes no básicos. Al no contar con el excedente del 25% que el Idecba exige para catalogar a un hogar como clase media, estos ciudadanos no logran consolidar un patrimonio ni planificar a mediano plazo. En la práctica, son familias que trabajan a tiempo completo pero cuyos ingresos se diluyen íntegramente en el costo de vida básico de una de las capitales más caras de la región.

En conclusión, los datos de abril de 2026 reflejan una pirámide social cada vez más segmentada. El hecho de que se necesiten más de $1,5 millones para salir de la pobreza, pero más de $2,3 millones para ser clase media, deja a una gran masa de la población atrapada en la «vulnerabilidad». Es un recordatorio de que, en el contexto actual, la seguridad económica no es una meta que se alcance solo con superar los indicadores básicos de subsistencia, sino que requiere un nivel de ingresos cada vez más difícil de obtener.