Argentina / Economía | Chau aduana paralela: Comercio misionero gana aire pero advierte que los precios no bajarán por arte de magia

El fin de los anticipos de Ingresos Brutos en las fronteras de Misiones es, sin dudas, el "golazo" administrativo que el sector privado venía pidiendo en la tribuna desde hace casi veinte años.

Con la eliminación de los controles fiscales en El Arco y Centinela, el Gobierno provincial le saca una mochila de plomo a más de 16.000 pymes que, a partir de julio, podrán ingresar mercadería sin tener que poner la plata por adelantado. Para el comerciante de Posadas, esto significa menos burocracia, más agilidad y, sobre todo, dejar de renegar con proveedores de afuera que le recargaban el precio «por las dudas» ante el complejo sistema tributario local.

El impacto positivo es directo en la logística y el humor del empresario pyme: ya no habrá que lidiar con saldos a favor que quedaban durmiendo en las cuentas del Estado mientras la inflación se los devoraba. Referentes como Fernando Vely destacan que esta medida de fondo mejora la competitividad frente a provincias vecinas como Corrientes, donde la entrada de productos siempre fue más sencilla. Ahora, el comercio misionero juega en una cancha más nivelada, permitiendo que la relación con los proveedores nacionales sea mucho más fluida y transparente, eliminando ese famoso 3% extra que aparecía en las facturas por el solo hecho de cruzar el límite provincial.

Sin embargo, y acá es donde el optimismo choca con la realidad del mostrador, no hay que esperar milagros en el ticket del supermercado o la tienda de ropa. La medida es excelente desde lo operativo, pero el contexto económico manda: la mayoría de los negocios ya tiene sus depósitos llenos con mercadería comprada bajo el régimen anterior. Esto significa que el alivio fiscal tardará meses en derramar, y lo más probable es que se empiece a notar recién cuando cambie la temporada y lleguen los nuevos pedidos de primavera-verano, siempre y cuando la economía nacional no meta algún otro ruido en el medio.

La otra cara de la moneda es que, aunque el costo de ingresar mercadería baje, el comerciante local hoy está «atrincherado» tratando de no perder ventas frente al gigante del e-commerce. En esa pelea desigual, muchos negocios vienen absorbiendo aumentos desde hace tiempo para que la gente no deje de comprar; por lo tanto, este pequeño ahorro fiscal probablemente sirva más para que el comercio no cierre que para ver una baja real en las góndolas. Es un respiro necesario para el que vende, pero que difícilmente se traduzca en una lluvia de ofertas para el que compra.

En definitiva, la eliminación del anticipo de IIBB es un paso histórico hacia la normalidad comercial, pero no es una poción mágica contra la inflación. El beneficio real se queda, por ahora, en las oficinas y depósitos: menos trámites, menos recargos de proveedores y una gestión mucho más sana para las empresas misioneras. El bolsillo del consumidor, por su parte, tendrá que seguir esperando que otras variables se acomoden, ya que, como advierten desde la Cámara de Comercio, el impacto en el consumo y en los precios finales será, en el mejor de los casos, gradual y silencioso.