El deterioro es tan profundo que el índice de impago en plataformas clave saltó del 1,8% al 8,7% en apenas un año, reflejando una caída del poder adquisitivo que ha dejado a millones de argentinos sin capacidad de honrar sus deudas.
Esta situación de vulnerabilidad extrema ha tenido un impacto directo en los mercados financieros internacionales, provocando una caída en la cotización de Mercado Libre en la bolsa de valores. Los inversores miran con desconfianza el incremento de la mora en Argentina, donde Mercado Pago -el brazo financiero del gigante de Galperin- tiene activos 21 millones de préstamos. La incertidumbre sobre la recuperación de estos créditos, que promedian 3,3 por usuario, ha encendido las alarmas en Wall Street, castigando el valor de la empresa ante el riesgo de que el consumo interno no logre repuntar y la morosidad siga escalando.
Para intentar frenar el desastre, las billeteras virtuales han pasado de la expansión agresiva a una fase de supervivencia. Actualmente, las empresas priorizan la recuperación del capital mediante descuentos agresivos y extensiones de plazos antes que judicializar las deudas o enviar a los usuarios al Veraz. Este giro estratégico busca anticiparse a los 18 proyectos de ley que ya circulan en el Congreso, los cuales proponen esquemas de refinanciación masiva y condonación de intereses, algo que el sector financiero intenta evitar a toda costa para no perder autonomía en el manejo de sus carteras.
El endurecimiento de las condiciones para acceder a nuevos préstamos es ahora la norma. Las fintech han abandonado la flexibilidad que las caracterizaba y han vuelto a métodos de evaluación tradicionales, exigiendo recibos de sueldo, antigüedad laboral y domicilio verificado. Bajo la premisa de priorizar la calidad de la cartera sobre el crecimiento, el foco se ha desplazado exclusivamente hacia clientes de altos ingresos y bajo riesgo, dejando fuera del sistema a los sectores informales que habían sido el motor del crecimiento del crédito digital en los últimos años.
Pese a que Argentina aún registra niveles de mora inferiores a los de Brasil, el ritmo del deterioro es lo que más preocupa a los analistas. El descalce entre la inflación, el estancamiento de los salarios y el costo del financiamiento está creando un cuello de botella que amenaza con asfixiar tanto a las familias deudoras como a las plataformas que las financiaron. En la era de la economía liberada por el presidente ultraderechista Javier Milei, el crédito fácil ha desaparecido, dejando un rastro de deudas renegociadas y una fuerte desconfianza en el valor de las empresas tecnológicas argentinas.

