Argentina / Economía | Misiones se hunde en el ranking del desempleo formal bajo el modelo de Javier Milei

La tierra colorada enfrenta una de las hemorragias laborales más severas del país, consolidándose como una de las jurisdicciones más castigadas por la política económica del presidente ultraderechista Javier Milei. Según los últimos registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), Misiones registró una estrepitosa caída del 8,8% en el empleo asalariado privado registrado entre noviembre de 2023 y el mismo mes de 2025.

La cifra conocida no solo ubica a la provincia entre las cinco con mayor destrucción de trabajo genuino, sino que expone la vulnerabilidad de una economía regional que se desangra mientras el Gobierno nacional celebra un ajuste que no llega a las provincias.

El desplome del empleo formal en Misiones es el reflejo directo de un parate económico que ha golpeado con saña a sus principales motores productivos, desde la industria forestal hasta el comercio fronterizo y la yerba mate. Mientras provincias con recursos hidrocarburíferos como Neuquén logran sostener números positivos gracias al oasis de Vaca Muerta, Misiones queda atrapada en una dinámica de retroceso que ya eliminó miles de puestos de calidad. En el total nacional, la era Milei ya se cargó 192.400 empleos privados, pero el impacto en el interior profundo es proporcionalmente mucho más devastador que en el centro del país.

La caída del 8,8% en el empleo registrado misionero supera con creces el promedio de distritos clave como Buenos Aires o Córdoba, situando a la provincia en el pelotón de las jurisdicciones más críticas junto a Formosa y Catamarca. Esta pérdida de puestos de «calidad» -aquellos con aportes y seguridad social- está siendo reemplazada por una alarmante expansión del trabajo por cuenta propia y la informalidad de subsistencia. Analistas económicos coinciden en que el leve crecimiento del empleo total que pregona el oficialismo es, en realidad, un refugio en las «changas» y el monotributo ante la imposibilidad de las pymes locales de sostener sus plantillas.

Resulta alarmante que, en este escenario de «crecimiento» del PBI del 1,3% que defiende el Ejecutivo nacional, el empleo asalariado privado caiga un 3% a nivel general, con picos de destrucción laboral en el Norte Grande. En Misiones, el cierre de empresas y la caída del consumo han forzado a miles de trabajadores hacia el cuentapropismo informal, un sector donde el 80% carece de estabilidad y derechos básicos. Para la provincia, este retroceso no es solo una estadística fría, sino el desmantelamiento de un tejido social que tardó años en formalizarse y que hoy se ve empujado a la precariedad para sobrevivir.

El desafío para la provincia es mayúsculo en un contexto donde la reactivación económica parece ser selectiva y geográficamente concentrada. Sin incentivos específicos para las economías regionales y con una presión de costos que no da tregua, el empleo formal en Misiones corre el riesgo de entrar en un estado de parálisis permanente. La gestión de Javier Milei ha configurado un mercado laboral de dos velocidades: una mínima fracción vinculada a la energía que crece, y una inmensa mayoría de provincias productoras que, como Misiones, ven cómo el trabajo de calidad desaparece de sus registros oficiales.