Según el último Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, la medición se ubicó en 2,02 puntos, consolidando una tendencia negativa que no ha dado tregua desde finales del año pasado.
Este indicador, que funciona como un termómetro preciso de la opinión pública, viene mostrando señales de agotamiento desde diciembre de 2025. El informe detalla que el desplome actual es significativamente más profundo que los goteos registrados en meses anteriores: marzo había bajado un 2,30%, febrero un 0,6%, enero un 2,8% y diciembre un 2,46%, evidenciando que la desconfianza se aceleró bruscamente en el inicio del segundo trimestre.
Para encontrar el último registro positivo hay que remontarse a noviembre de 2025, mes en el que el índice escaló un 17,5% tras el triunfo electoral de la actual gestión. Sin embargo, aquel impulso inicial se diluyó rápidamente, y los valores actuales ya se sitúan un 2,1% por debajo de los obtenidos en abril de 2018 durante la presidencia de Mauricio Macri, aunque se mantienen por encima de los niveles críticos de la gestión de Alberto Fernández en 2022.
La medición de la Escuela de Gobierno de la Di Tella evalúa cinco dimensiones clave que hoy muestran un deterioro visible: la imagen general de la administración, la percepción de si se gobierna para el bien común o para sectores particulares, la eficiencia en el gasto público, la honestidad de los funcionarios y la capacidad operativa para resolver los problemas urgentes que afectan al país.
Este escenario plantea un desafío político inmediato para la Casa Rosada, ya que la caída acumulada refleja un malestar social creciente que atraviesa transversalmente la percepción sobre la labor del Ejecutivo nacional. El índice, diseñado para captar la sensibilidad de la calle, confirma que la luna de miel electoral ha quedado atrás, dando paso a una etapa de marcado escepticismo sobre el rumbo de la gestión.

