La caída del ingreso disponible no es un dato aislado, sino una tendencia que se profundiza mes a mes bajo la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei. En noviembre, este indicador registró una baja real del 1%, la mayor desde principios de 2024, acumulando tres meses consecutivos de retroceso. Mientras el Gobierno celebra micro-ajustes a la baja en transporte o agua, la realidad golpea con aumentos en electricidad, expensas y alquileres que barren con cualquier alivio nominal. El dato más preocupante es que el ajuste no discrimina: aunque el golpe es más duro en los sectores vulnerables (deciles 1-4) con una caída del 1,2%, los sectores de ingresos altos tampoco logran escapar a una erosión constante de su capacidad de ahorro.
El endeudamiento se ha transformado en el último y peligroso recurso para llegar a fin de mes, con cuotas de créditos que ya absorben el 26,3% de la masa salarial registrada, el nivel más alto en dos décadas. No se trata de inversiones o crecimiento, sino de una economía de supervivencia: el 86% de la deuda corresponde a financiamiento de corto plazo, principalmente tarjetas de crédito y préstamos personales con tasas usurarias. Como consecuencia directa de esta asfixia, la mora bancaria alcanzó un récord del 8,8%, lo que demuestra que la cadena de pagos de las familias ya empezó a romperse ante la imposibilidad de afrontar compromisos básicos.
La situación se agrava por la decisión política del ministro Luis Caputo de utilizar los salarios como ancla inflacionaria, boicoteando paritarias y negando homologaciones de acuerdos entre privados que superen la pauta oficial. Esta estrategia ha llevado a que los salarios públicos caigan un 1,3% real y los privados un 0,3% solo en el último registro, mientras la inflación se mantiene porfiadamente alta. La Unión Industrial de Santa Fe ya advirtió sobre el «ocaso de la clase media» y el peligro de un modelo donde el rendimiento financiero es más atractivo que la producción, dejando naves industriales vacías y un tejido social totalmente deshilachado.
Hacia el futuro, las proyecciones son sombrías y la preocupación se extiende al sector productivo por la triplicación de cheques rechazados en un año. El presidente ultraderechista Javier Milei mantiene una postura de intransigencia salarial que ha provocado una caída real del 9% en el salario mínimo y un deterioro generalizado que alcanza a jubilados y trabajadores informales por igual. Con una industria operando al 50% de su capacidad y miles de empresas dadas de baja, el modelo económico actual parece estar cimentado sobre la erosión sistemática de los ingresos, hipotecando no solo el presente, sino la viabilidad futura del consumo interno en Argentina.

