Argentina / Economía | Galperin, el mayor fan de Milei, ahora implora por la intervención del Estado

La paradoja del libre mercado ha golpeado la puerta del empresario más emblemático de la era libertaria con una ironía difícil de digerir. Marcos Galperin, el fundador de Mercado Libre y ferviente defensor del modelo económico actual, se encuentra hoy en una posición que contradice sus posteos en redes sociales: su empresa ha tenido que recurrir a la Secretaría de Comercio y a los tribunales federales para intentar frenar el avance de los gigantes chinos Temu y Shein. Lo que comenzó como un apoyo incondicional a la apertura de importaciones de Javier Milei, el presidente ultraderechista, ha terminado en una batalla legal donde el "unicornio" argentino busca el amparo estatal para no ser devorado por una competencia que, según denuncian, juega con reglas desleales.

El núcleo del conflicto estalla cuando la teoría choca con el balance contable. Mientras el Gobierno celebra que las compras al exterior vía courier crecieron más de un 270%, Mercado Libre siente el impacto de una estructura de costos que no puede competir con los subsidios encubiertos y la agresiva publicidad engañosa de las plataformas asiáticas. En agosto pasado, la empresa presentó una denuncia formal por prácticas de «gamificación» y precios irreales que captan al consumidor argentino mediante engaños. La Secretaría de Comercio hizo lugar al reclamo y dictó una cautelar, pero Temu no tardó en judicializar la medida, llevando la pelea a un terreno donde el discurso de «competir sin privilegios» de Galperin se desdibuja frente a la necesidad de protección burocrática.

Esta situación deja al descubierto la fragilidad del modelo de negocios local ante la desregulación extrema. Galperin, quien históricamente fustigó la intervención estatal y los impuestos, ahora se ve obligado a reclamar que se «nivele la cancha», un argumento que suena extrañamente similar al de la industria pesada o la Unión Industrial Argentina. El problema es que las mismas políticas que él aplaude desde Uruguay —como la flexibilización de la Aduana y la eliminación de trabas para el ingreso de paquetería— son las que le están arrebatando el control de la logística en su propio país. El sistema courier puerta a puerta ha demostrado ser un caballo de Troya que Mercado Libre no previó en su entusiasmo ideológico.

Desde el entorno de la Casa Rosada la respuesta es gélida y estrictamente doctrinaria: si los consumidores acceden a productos más baratos, el mercado está funcionando. Ante la advertencia sobre el tendal de desocupados y el daño al entramado pyme que provee a Mercado Libre, el oficialismo insiste en que esos recursos se reasignarán a sectores más productivos. Para Galperin, esto representa una encrucijada existencial; por un lado, debe sostener su imagen de referente del capitalismo moderno y, por el otro, debe gestionar una empresa que pierde margen de maniobra frente a un competidor que no paga los mismos impuestos ni sostiene la misma infraestructura local.

El desenlace de esta disputa marcará un precedente sobre los límites de la apertura comercial en la Argentina de Milei. Si la Justicia o el Ejecutivo ceden ante Mercado Libre para limitar a los chinos, el discurso de la «libertad total» quedará herido de muerte por un caso de proteccionismo para los amigos. Si, por el contrario, se permite que Temu y Shein sigan operando sin restricciones, el mayor aliado del presidente deberá aprender a sobrevivir en el ecosistema salvaje que él mismo ayudó a promocionar. Por ahora, el gigante del e-commerce ha cambiado los memes por expedientes, demostrando que, cuando el bolsillo aprieta, hasta el más liberal de los empresarios termina pidiendo que el Estado ponga orden.