inmediata de la calificación crediticia o en un alivio sólido para las reservas.
La principal preocupación de la consultora radica en que la transición económica argentina demanda una fuerte cuota de importaciones, lo que terminará limitando los efectos positivos sobre las ya debilitadas cuentas externas. En términos sencillos, mientras el país intenta estabilizar su macroeconomía, la necesidad de divisas para sostener la actividad interna neutralizará gran parte del ingreso de dólares que podría generar el aumento de las exportaciones hacia el bloque europeo. Esta dinámica restringe el margen de maniobra del Estado para acumular reservas de divisas, un factor crítico para la estabilidad financiera a mediano plazo.
A nivel regional, Moody’s reconoce que el tratado es positivo para la calidad crediticia de los socios del Mercosur, ya que mejora el acceso a mercados estratégicos y apoya la diversificación comercial. Sin embargo, para la Argentina, la coyuntura de ajuste condiciona el «derrame» de estos beneficios. A pesar de que el pacto promete fortalecer los vínculos de inversión y el desempeño exportador, la agencia advierte que la fragilidad macroeconómica frena cualquier mejora inmediata en la solvencia del Estado, manteniendo al país en una posición de vulnerabilidad frente a sus compromisos externos.
A este complejo panorama interno se le suma un obstáculo externo de carácter legal y político que ha puesto en pausa la implementación del tratado. El pasado 21 de enero, el Parlamento Europeo decidió solicitar una revisión de legalidad al Tribunal de Justicia de la UE para determinar si el acuerdo restringe la capacidad de Europa para fijar sus propias políticas ambientales y de protección al consumidor. Esta instancia evaluadora, centrada en el cumplimiento del Acuerdo de París, añade una capa de incertidumbre y posterga aún más la ratificación del pacto, extendiendo los plazos para que las empresas locales puedan ver beneficios tangibles.
Finalmente, el reporte concluye que, si bien el fortalecimiento de los vínculos con la Unión Europea es un paso estratégico correcto, los desafíos políticos en ambas regiones y el prolongado proceso de ratificación necesario limitan los beneficios a corto plazo. Para Argentina, el camino hacia la recuperación del crédito internacional parece seguir dependiendo más de la eficacia del ajuste interno y la estabilización de sus indicadores básicos que de las oportunidades comerciales externas. La «etapa de transición» económica se perfila así como un periodo de beneficios marginales, donde la urgencia de las cuentas internas sigue marcando el pulso de la realidad soberana.

