Pese al optimismo oficial expresado por el jefe de gabinete, Manuel Adorni, quien celebró la llegada del «impuesto cero» para fomentar mejores precios, los datos del último año obligan a un análisis cauteloso. Durante 2025, aun con la rebaja arancelaria parcial, la importación legal no explotó: de hecho, se importaron menos unidades que en 2024 (334.194 frente a las 337.194 del año anterior). Esta paradoja se explica, en parte, por una demanda interna retraída y por la persistente presión del contrabando, que hoy representa uno de cada tres teléfonos activados en el país.
Los límites de la baja de precios
Si bien se espera que entre febrero y marzo de 2026 los precios puedan retroceder entre un 10% y un 30% a medida que se renueve el stock, los especialistas advierten sobre factores que podrían frenar esta tendencia:
El «cisne negro» de los chips: La explosión de la Inteligencia Artificial ha generado una demanda masiva de memorias RAM y chips de almacenamiento a nivel global. Al igual que ocurrió con la minería de criptomonedas, este fenómeno encarece los componentes básicos, limitando el margen para nuevas rebajas.
Costos locales persistentes: Aunque el arancel sea nulo, los productos importados siguen enfrentando cargas como el IVA, Ingresos Brutos y costos logísticos, lo que mantiene a la Argentina un 40% más cara que otros mercados regionales.
Estabilización previa: Muchas cadenas de retail y fabricantes locales ya aplicaron fuertes recortes durante 2025 para incentivar el consumo, por lo que el margen para seguir bajando los valores es hoy mucho más estrecho.
El futuro de la industria local
Desde Tierra del Fuego, las empresas agrupadas en Afarte señalan que la eliminación total del arancel no debería provocar una «ola importadora» masiva, ya que fabricar localmente sigue ofreciendo ventajas competitivas gracias a la eliminación de impuestos internos para productos del sur (que bajaron del 9,5% al 0% el año pasado). No obstante, el sector enfrenta desafíos sociales: la caída de la demanda ya provocó el cese de unos 500 contratos en una industria que emplea a 10.000 personas.
En el segmento de alta gama, como los iPhone, el traslado del beneficio arancelario suele ser más directo, aunque la escasez mundial de modelos nuevos como el iPhone 17 también juega su papel en la formación del precio final. El mercado argentino entra así en una etapa de «arancel cero» que promete tecnología más accesible, pero cuya realidad dependerá de la logística interna y de la volátil oferta tecnológica global.

