Argentina / Política | Adorni arrepentido de usar la palabra «deslomarse» pero de llevar a su esposa de colada no

El reciente intento de Manuel Adorni por calmar las aguas tras su polémico paso por Nueva York ha resultado ser un movimiento tan tardío como superficial, dejando un sabor amargo incluso entre sus seguidores.

El jefe de Gabinete ensayó una suerte de arrepentimiento semántico en sus redes sociales, centrando su error en el uso de la palabra «deslomarse» mientras participaba de la ‘Argentina Week’. Sin embargo, este ejercicio de relaciones públicas omite el verdadero foco del conflicto: la presencia de su esposa en una comitiva oficial, un privilegio que choca de frente con la retórica de austeridad que el gobierno ultraderechista de Javier Milei suele pregonar como bandera innegociable.

El descargo del funcionario, donde argumenta que «la palabra no debió ser deslomarse» y se refugia en la falibilidad humana, llega en un momento de evidente fuera de lugar. La sociedad no cuestiona únicamente la ligereza de sus dichos en un «vivo», sino la justificación ética de llevar a un familiar como «colada» en un viaje de Estado. Al desviar la atención hacia un error de dicción, Adorni evita responder por qué se financia o se facilita el traslado de particulares en misiones diplomáticas, una práctica que antes criticaban con ferocidad desde la vereda de la oposición.

En este escenario, el ecosistema digital libertario -históricamente su zona de confort y principal herramienta de construcción política- muestra signos de una desorientación inédita. Los militantes y comunicadores que suelen dominar la narrativa en X y otras plataformas se encuentran hoy perdiendo la batalla del sentido frente a una marea de críticas que no pueden ser contenidas con los memes o eslóganes habituales. Se percibe un desconcierto generalizado en las filas oficialistas, que parecen no encontrar el libreto adecuado para defender lo que muchos internautas califican como un acto de «casta» tradicional.

La situación se agrava al observar que el apoyo del gabinete y del presidente ultraderechista Javier Milei, aunque explícito, no logra frenar el impacto negativo en la opinión pública. El argumento de Adorni sobre la «verdadera intención de contar lo que estamos haciendo» suena vacío frente a las imágenes de una gira que tuvo más de turismo de lujo que de gestión pública efectiva. Esta desconexión entre el discurso de la «honestidad» y los privilegios personales está generando una grieta en la credibilidad de un equipo de comunicación que, hasta hace poco, parecía imbatible en el terreno virtual.

Finalmente, este episodio deja al descubierto una debilidad estructural en la estrategia comunicativa del gobierno: la incapacidad de procesar las críticas genuinas sin recurrir a la victimización o al ataque a supuestos enemigos del cambio. Mientras Adorni agradece el apoyo incondicional de sus pares, las redes sociales siguen siendo el escenario de una derrota política que las disculpas por una «palabra desafortunada» no alcanzan a revertir. La transparencia demandada va mucho más allá de un ajuste de vocabulario; exige una coherencia que, por ahora, brilla por su ausencia en la Gran Manzana.