El dato más crítico surge de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que delimita la línea de la indigencia y registró un salto del 5,8%, duplicando prácticamente el índice de Precios al Consumidor (IPC) del mismo periodo, que se ubicó en el 2,9%.
Esta brecha entre la inflación general y el costo específico de la comida pone de manifiesto que el rubro de alimentos y bebidas sigue siendo el principal motor del empobrecimiento. Para no caer en la indigencia, ese mismo núcleo familiar requirió 623.990 pesos mensuales únicamente para cubrir sus necesidades nutricionales mínimas. La variación interanual de la canasta alimentaria ya alcanza un 37,6%, superando con holgura la inflación acumulada del 32,4%, lo que evidencia una pérdida sistemática del poder adquisitivo en el mostrador del supermercado.
En términos individuales, el informe oficial precisa que un adulto solo necesitó al menos 201.939 pesos para no ser considerado indigente, mientras que el piso para no ser pobre se fijó en 440.226 pesos. Estas cifras marcan una realidad compleja para los trabajadores con ingresos fijos, ya que la Canasta Básica Total (CBT) mostró una variación del 3,9% mensual. El hecho de que la comida suba casi al 6% mientras el índice general se mantiene más bajo indica que el ajuste de precios está golpeando con mayor dureza a los estratos sociales que destinan la mayor parte de su presupuesto al sustento diario.
Por primera vez en varios años, el informe de la canasta básica se conoció días después del anuncio de la inflación de enero, permitiendo un análisis más crudo de la distorsión de precios. A pesar de que el IPC interanual se sitúa en el 32,4%, la suba de la canasta total en el mismo periodo fue del 31,6%, pero es el componente alimentario el que desequilibra la balanza social. Esta dinámica genera un efecto de «inflación de los pobres», donde aquellos con menos recursos enfrentan los aumentos más agresivos en los productos que no pueden dejar de consumir.
La estructura de costos en la economía local parece no encontrar un techo estable frente a salarios que, en su mayoría, corren por detrás de estos incrementos porcentuales. El salto del casi 6% en los alimentos esenciales representa un desafío crítico para la gestión de la pobreza a nivel nacional, ya que eleva el piso de ingresos necesarios para la subsistencia básica. Con estos valores, la cobertura de la CBT se transforma en una meta cada vez más difícil de alcanzar para millones de argentinos que ven cómo el costo de vida se encarece a un ritmo superior al de sus propios haberes.

