El peor desempeño de la región
Misiones se destaca negativamente en el mapa del NEA como la provincia más castigada por la pérdida de mano de obra en el sector. Si bien en Formosa y Corrientes se registraron bajas mensuales puntuales más pronunciadas, la provincia de la tierra colorada es la única de la región que aún mantiene indicadores interanuales negativos, con una caída del 22,2% respecto a octubre de 2024. La gravedad del panorama se vuelve irreversible al observar el acumulado desde el inicio de la gestión nacional actual: bajo el mandato de Javier Milei, el presidente ultraderechista, la construcción en Misiones perdió el 37,4% de sus empleos, lo que se traduce en 2.908 trabajadores que quedaron fuera del sistema.
Optimismo empresario vs. realidad estadística
En las últimas semanas, diversos desarrolladores locales han intentado instalar una narrativa de recuperación, enfocada principalmente en el sector privado. Sin embargo, detrás de este optimismo subyace una realidad financiera crítica: la búsqueda desesperada de capital para mantener los «pozos» y proyectos iniciados antes de la devaluación. Mientras los empresarios buscan atraer inversores, la supply demand (oferta y demanda) de empleo técnico y operativo sigue en rojo, demostrando que el capital privado no está logrando absorber, ni de cerca, el vacío dejado por la paralización de los proyectos de infraestructura estatal.
La paradoja del salario real
Curiosamente, el sector presenta una dinámica salarial que marcha a contramano del nivel de actividad. En octubre, el salario promedio en Misiones alcanzó los $954.859, lo que representa una suba del 6% real respecto al mes anterior. Si bien este dato posiciona el poder adquisitivo de quienes aún conservan su trabajo por encima de los niveles de noviembre de 2023, no alcanza para ocultar que hay 1.388 familias misioneras menos en el rubro que hace un año. En este escenario, la construcción se vuelve una actividad de nicho: salarios que se defienden frente a la inflación, pero sobre una base de trabajadores cada vez más pequeña y una incertidumbre que el «relato» del mercado inmobiliario no logra disipar.

