Argentina / Economía | Saqueo programado de Milei a los jubilados hizo perder a cada uno 2,4 millones de pesos

La crueldad del ajuste económico ha encontrado en la manipulación de las estadísticas su herramienta más eficaz para confiscar los ingresos de los sectores más vulnerables. Un análisis técnico demoledor revela que las jubilaciones, pensiones y la AUH deberían ser hoy un 21% más alta si el Ejecutivo no hubiera bloqueado la actualización de la canasta de inflación, una maniobra que le ha costado a cada jubilado de la mínima la escalofriante cifra de $2,4 millones en pérdidas acumuladas.

Detrás de este despojo sistemático se esconde una decisión política deliberada del presidente ultraderechista Javier Milei y su equipo económico. Al postergar la implementación de una nueva metodología de medición de precios -que debía entrar en vigencia este mes- y mantener una canasta de consumo obsoleta que data de 2004, el Gobierno logró que los aumentos por movilidad quedaran un 40% por debajo del costo de vida real, licuando el poder de compra de millones de personas de manera irreversible.

La figura de Luis Caputo queda en el centro de la tormenta como el arquitecto de esta ingeniería del hambre; mientras el ministro argumenta cínicamente que se debe esperar a una «desinflación consolidada» para sincerar los índices, los funcionarios del Gabinete nacional no tuvieron reparos en duplicar sus propios sueldos hasta alcanzar los $5 millones mensuales. Esta obscena disparidad salarial demuestra que el sacrificio que predica el oficialismo es una carga que solo deben soportar los abuelos, mientras la cúpula política se autoasigna remuneraciones de privilegio.

La complicidad de los sectores pseudo opositores en el Congreso ha sido fundamental para que este esquema de miseria se sostenga en el tiempo sin mayores obstáculos legislativos. Su inacción ha permitido que el bono de $70.000 permanezca congelado desde marzo de 2024, una omisión que, sumada al desfase del índice oficial, se traduce en una pérdida de bolsillo superior al millón de pesos por beneficiario, empujando a los jubilados a un escenario de indigencia que la política tradicional prefiere ignorar.

La realidad que enfrentan los beneficiarios de la Anses es terminal: hoy un haber mínimo más el bono apenas cubre ocho días de supervivencia al mes, frente a una canasta básica que supera los $1,5 millones. Este modelo, sostenido sobre el desprecio por la dignidad de la tercera edad, refleja la peor cara de una gestión que utiliza el superávit fiscal como trofeo político, mientras condena a los ciudadanos a elegir entre comprar medicamentos o garantizarse un plato de comida.