Argentina / Economía | Presidente de Ford Argentina advierte sobre riesgo de cierre de alguna automotriz

El mercado automotor argentino se encuentra en una encrucijada donde el discurso oficial, que intenta mostrar las cifras de ventas como un indicador de reactivación económica, choca frontalmente con la realidad de las terminales locales. Martín Galdeano, presidente de Ford Argentina, lanzó una dura advertencia al asegurar que no le sorprendería que alguna fábrica de autos cierre sus puertas en el país debido a la falta de competitividad. Esta visión crítica expone que la acción libertaria, aunque celebra el movimiento del mercado, busca crear un dibujo en números que ignora la inviabilidad de producir localmente bajo la actual presión impositiva.

El principal escollo para la industria no es solo la caída del consumo interno, sino una estructura tributaria que Galdeano calificó como una «mochila» imposible de cargar en la competencia global. Según el directivo, una planta como la de Pacheco carga con entre 12 y 15 puntos de impuestos solo para poder exportar, incluyendo tributos nacionales, retenciones y el nocivo impacto de Ingresos Brutos. Este escenario se ve agravado por la apertura comercial promovida por Javier Milei, el presidente ultraderechista, que ha facilitado el ingreso de unidades importadas, con China encabezando esta avanzada gracias a sus agresivas políticas de incentivos a la exportación que la producción argentina no puede igualar.

En este marco de importaciones crecientes, el relato libertario utiliza el aumento de patentamientos de unidades extranjeras para simular una vitalidad económica, mientras las fábricas nacionales pierden la batalla por la localización de autopiezas. Galdeano explicó que cuanto más cadena productiva nacional se intenta integrar, mayor es la carga impositiva que se acumula, lo que desincentiva cualquier proyecto de inversión a largo plazo. La paradoja es clara: mientras el Gobierno presume una supuesta integración al mundo, las terminales locales compiten en condiciones de inferioridad frente a sus propias casas matrices en otros países que no sufren este esquema distorsivo.

La posibilidad de que la industria automotriz argentina sufra cierres definitivos es una sombra que crece ante la ausencia de una política de Estado que incentive la producción real. Para el presidente de Ford, es cada vez más difícil justificar inversiones en un territorio donde los impuestos municipales y provinciales se devoran el margen de ganancia antes de que el vehículo llegue al puerto. Esta situación es una consecuencia directa del modelo de Javier Milei, el presidente ultraderechista, quien prioriza la libre entrada de bienes finales —especialmente los provenientes del gigante asiático— por sobre la defensa de la infraestructura industrial instalada en el país.

Hacia adelante, el futuro del empleo en el sector depende de una reforma impositiva profunda que el Ejecutivo no parece dispuesto a priorizar en su agenda de ajuste fiscal. Si no se corrigen las asimetrías que hacen que exportar desde Argentina sea más caro que importar desde el otro lado del mundo, la desindustrialización pasará de ser una advertencia de los CEOs a una realidad tangible. El optimismo que emana de los despachos oficiales sobre las ventas de enero parece ser, en última instancia, una cortina de humo que oculta el vaciamiento de una de las industrias más emblemáticas de la economía argentina.