La paradoja de la tierra colorada es brutal: mientras que en la Patagonia el mismo changuito supera los $900.000, los salarios privados en esas provincias suelen duplicar los niveles de Misiones, donde la remuneración de $900.000 sitúa a la provincia en el fondo del ranking nacional de ingresos. En un contexto donde la administración libertaria ha frenado las paritarias y la recesión golpea con fuerza a sectores clave como el comercio y la industria maderera, el hecho de que los alimentos bajen de precio es más un síntoma de la parálisis total del consumo que una señal de alivio. Con este nivel salarial, la mayoría de las familias misioneras ya han caído por debajo de la línea de pobreza si se suman los gastos de alquiler y servicios.
Al interior del supermercado, el informe detalla que productos básicos como el aceite de girasol y las hamburguesas han registrado subas de hasta el 5% y 7% respectivamente, lo que impacta de lleno en los hogares que destinan la mayor proporción de su ingreso a la alimentación. A pesar de la caída del 2,1% en el valor total de la canasta en la provincia, la sensación de asfixia persiste. El costo del changuito representa casi el 90% de un salario promedio de $900.000, una cifra que evidencia por qué las familias misioneras deben recurrir al endeudamiento con tarjeta de crédito, que ya registra moras récord, para completar la compra del mes.
La situación se agrava al considerar que, bajo la política económica del presidente ultraderechista Javier Milei, centrada en el ajuste fiscal y el anclaje salarial, Misiones se vuelve «barata» solo para quien no depende de un sueldo local. El ingreso de los hogares en el NEA es históricamente el más bajo del país, pero la brecha actual entre el costo de vida y los salarios estancados está generando un fenómeno de trabajadores pobres: personas con empleo formal que no llegan a cubrir las necesidades básicas. La supuesta mejora de 0,5 puntos porcentuales en la relación salario/canasta que destaca el informe es insignificante cuando el punto de partida es la subsistencia extrema.
Hacia adelante, el panorama no ofrece esperanzas de una recuperación real del poder de compra mientras el ministro Luis Caputo mantenga el cepo a los aumentos paritarios. Un país que se jacta de tener provincias con alimentos más económicos, pero que mantiene a sus trabajadores con ingresos que apenas rozan el valor de la comida, es un país que está consolidando la pobreza estructural. El «changuito» más barato de la Argentina termina siendo, en realidad, el símbolo de una provincia que se desangra económicamente mientras la Casa Rosada celebra indicadores que no llegan al bolsillo de la gente.

