Argentina / Economía / Política | «Estrangulamiento» financiero: Presidente del Banco Macro advierte sobre riesgo de un colapso en la economía real

Desde el corazón financiero del mundo, en Nueva York, el presidente del Banco Macro, Jorge Brito, lanzó una advertencia que resuena como una alarma roja para la gestión del presidente ultraderechista, Javier Milei.

En un escenario de máxima visibilidad como el vigésimo aniversario de la cotización de su entidad en Wall Street, el banquero no escatimó en términos crudos para describir el actual proceso económico: habló de un «estrangulamiento» de la actividad privada. La crítica es especialmente significativa por el peso del actor que la emite, un referente del sector financiero que, si bien acompaña el rumbo fiscal, empieza a ver con pavor cómo la velocidad del ajuste está rompiendo la cadena de pagos en el mercado interno.

El dato más alarmante que arrojó Brito es la radiografía de la morosidad, un termómetro infalible de la crisis social que atraviesa el país bajo el mando libertario. Según precisó el titular del Macro, el incumplimiento en el pago de préstamos a individuos saltó de un 4% a un preocupante 11% en apenas dos años, una cifra que vinculó directamente con la pérdida masiva de empleo y el deterioro del poder adquisitivo. Para el sector financiero, este indicador es la prueba de que el ajuste está yendo «más rápido de lo que podemos», generando una tensión que pone en jaque la estabilidad de las familias y la sostenibilidad del sistema crediticio en su conjunto.

La postura de Brito también dejó al descubierto el malestar del «círculo rojo» con los modos del presidente ultraderechista. El banquero lamentó públicamente los ataques de Javier Milei hacia figuras de la industria nacional como Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, señalando que tales desplantes en foros internacionales empañan el objetivo de atraer inversiones. Para el empresario, la construcción de un clima de negocios sólido es incompatible con la agresión sistemática a quienes deben liderar la reactivación, marcando una distancia ética y estratégica con la retórica de confrontación permanente que emana desde la Casa Rosada.

En cuanto a la percepción de los mercados internacionales, Brito fue tajante al desmitificar el optimismo oficialista sobre el riesgo país. Si bien reconoció el descenso a la zona de los 600 puntos, advirtió que el mundo todavía observa a la Argentina como un enfermo en recuperación que podría sufrir una recaída política. El temor al «péndulo argentino» sigue vigente entre los inversores, quienes dudan de que las reformas actuales puedan sobrevivir a un recambio de mandato si no se logra un consenso que abandone los extremos. Esta visión pone en duda la narrativa de un «éxito rotundo» que intenta instalar el equipo económico de la Nación.

Finalmente, el referente bancario hizo un llamado a la moderación política, criticando la polarización que alimenta a las opciones de derecha e izquierda profunda sin dejar espacio para el centro. Al descartar cualquier ambición electoral propia, Brito se posicionó como una voz de alerta técnica y empresarial que reclama racionalidad ante una velocidad de ajuste que amenaza con dejar tierra arrasada. La advertencia es clara: sin una corrección en el ritmo de las medidas monetarias, el «veranito» financiero podría transformarse en un invierno crudo para la producción y el consumo, profundizando aún más la grieta entre los números de la macroeconomía y la realidad de los argentinos.