Weiss, en diálogo con El Destape, cifró la contracción de la actividad en un alarmante 25% entre mediados de 2023 y el primer semestre de 2024. El responsable principal de este colapso, admitido por el propio dirigente, es la parálisis casi total de la inversión estatal en infraestructura.
De la “motosierra” a la “mano fina” (tarde)
A pesar de la sangría laboral, la posición de CAMARCO es de respaldo absoluto al Gobierno. Weiss defendió el rumbo y el ajuste implementado, en lo que parece ser un intento desesperado por no contradecir el statu quo oficial.
Sin embargo, el líder sectorial deslizó una crítica velada y un pedido de auxilio que suena tardío, sugiriendo que el Gobierno debería «pasar de la motosierra al bisturí». Este cambio de metáfora, aunque poético, llega después de que miles de familias hayan quedado en la calle por la aplicación brutal y no quirúrgica de la motosierra en la obra pública.
La paradoja es notable:
Reconoce la Catástrofe: Se perdieron 120.000 empleos.
Señala el Culpable: La paralización de la obra pública y la falta de inversión.
Defiende al Responsable: Mantiene su apoyo al rumbo del gobierno del presidente ultraderechista Javier Milei.
Un desarrollo imposible sin inversión pública
La máxima de Weiss, según la cual “no hay ninguna posibilidad que el país se desarrolle en serio sin una fuerte inversión privada y estatal en infraestructura y vivienda”, choca de frente con la política de déficit cero llevada al extremo por el actual gobierno, que ha priorizado el equilibrio fiscal por encima de la vida económica del sector y, lo más importante, por encima del empleo.
El pedido de «bisturí» para ajustes más precisos y la necesidad de inversión para el desarrollo evidencian que, a pesar del apoyo de fachada, el sector de la construcción está sufriendo las consecuencias de un ajuste macroeconómico que no distingue entre el gasto ineficiente y la inversión productiva esencial.

