La caída no es un accidente, sino una constante sangría provocada por el cese de la obra pública y el desplome del consumo interno. Misiones encadenó en octubre su quinta baja mensual consecutiva, perdiendo casi mil empleos en solo 30 días. Esta velocidad de destrucción laboral sitúa a la tierra colorada entre las jurisdicciones más castigadas del país, encabezando el ranking de desocupación regional junto a Formosa. Mientras el Gobierno nacional se jacta de un equilibrio fiscal teórico, en la práctica ha provocado que entre junio y octubre más de 3.500 familias misioneras perdieran su sustento formal, quedando a la deriva en una economía que no para de subir precios.
El desierto de la «era Milei»: casi 10 mil bajas en dos años
Al hacer el balance de la gestión del presidente ultraderechista, las estadísticas dejan de ser números para convertirse en una tragedia social. Desde noviembre de 2023, la provincia ha sufrido la baja de 9.678 puestos de trabajo, lo que representa una poda del 8,9% de su estructura laboral privada. Esta cifra es la sexta más alta de la Argentina, confirmando que el ajuste nacional se ensaña con las provincias del interior que, como Misiones, dependen de un mercado interno dinámico que hoy está paralizado por falta de poder adquisitivo.
A nivel país, la situación es un espejo de lo que ocurre en el NEA: en lo que va del ciclo libertario se han evaporado casi 177 mil empleos formales. Sin embargo, en Misiones el impacto se siente con mayor crudeza debido a la asimetría fronteriza y al encarecimiento de la logística. Perforar el techo de los 100 mil trabajadores no es solo un dato estadístico; es la confirmación de que el tejido productivo provincial está siendo desmantelado, regresando a la provincia a un escenario de fragilidad económica que no se veía desde los peores días del confinamiento, con la agravante de que hoy la inflación sigue fuera de control.

