Argentina / Economía | La nafta ya superó los $ 2.400 pesos por litro en Misiones

La estrepitosa suba de los combustibles que se registró este miércoles en Posadas no es un hecho aislado, sino el corolario de una política de ajuste brutal que viene asfixiando el bolsillo de los trabajadores y la estructura productiva de Misiones.

Con valores que ya perforaron el techo de los $2.400 en los segmentos premium, el impacto de las medidas adoptadas por el presidente ultraderechista, Javier Milei, se siente con una virulencia inédita en las estaciones de servicio locales. Esta nueva actualización profundiza una crisis de consumo que ya no distingue entre sectores, transformando el acto de cargar el tanque en un lujo prohibitivo para gran parte de la población.

Para entender este presente crítico, es necesario desglosar la secuencia de incrementos que venimos reportando: durante enero y febrero, el motor de las subas fue principalmente la actualización de los impuestos al combustible líquido y al dióxido de carbono, tributos que el gobierno libertario descongeló para engrosar la recaudación fiscal. Sin embargo, al llegar marzo, el escenario se agravó por factores externos; la inestabilidad internacional derivada de los conflictos bélicos en Medio Oriente disparó el precio del barril de crudo, una variable que las petroleras trasladaron de inmediato al surtidor local sin amortiguador alguno para el consumidor final.

En un recorrido por las pizarras de Posadas, el panorama es desolador para el sector logístico y productivo, ya que en estaciones de bandera como YPF, la Infinia Diesel ya trepó a los $2.418, mientras que la nafta súper se ubicó en $2.120. Esta realidad genera un efecto dominó devastador en la cadena de precios, puesto que cada peso que sube el gasoil se traduce automáticamente en un encarecimiento del flete, el transporte de alimentos y los insumos para la industria forestal. No se trata solo de un número en el surtidor, sino de una presión inflacionaria constante que termina por remarcar, una vez más, los productos básicos en las góndolas de los supermercados.

La situación en Misiones cobra un tinte aún más dramático debido a su condición de provincia fronteriza y la pérdida de competitividad cambiaria. Lo que antes era un flujo constante de compradores extranjeros que motorizaba la economía regional, hoy se ha convertido en un desierto de surtidores vacíos y una caída estrepitosa en las ventas minoristas. La combinación de precios locales por las nubes y un dólar apreciado ha eliminado cualquier ventaja comparativa con Paraguay o Brasil, dejando a los estacioneros misioneros en una posición de vulnerabilidad extrema frente a la retracción de la demanda que ya es una realidad palpable.

Resulta evidente que esta dinámica de aumentos constantes, que en la última semana llegó a registrar dos subas en menos de 48 horas, está empujando a la economía provincial hacia un callejón sin salida. Mientras la Casa Rosada mantiene su rumbo de liberación total de precios, el tejido social y productivo del NEA queda expuesto a una volatilidad que destruye la previsibilidad mínima necesaria para producir. Sin un freno a esta sangría energética, el costo de vida en Posadas seguirá su escalada imparable, castigando con mayor dureza a quienes dependen del transporte para subsistir en un contexto de ingresos cada vez más erosionados.