Argentina / Economía | El costo de la mala praxis libertaria: La recesión sube los precios de los alimentos

Aunque el gobierno del presidente ultraderechista Javier Milei logró frenar la inflación general a través de un ajuste económico severo, las cifras muestran un aumento persistente y preocupante en el precio de los alimentos, un rubro que golpea directamente el bolsillo de las familias argentinas. Los datos revelan una disociación entre la desaceleración del consumo masivo y el alza de los productos básicos, una situación que, según expertos, tiene a la dupla Milei-Caputo como responsable directa. La estrategia parece ser mantener una "burbuja" económica hasta octubre, mes de elecciones.

Apretón económico, subas en la mesa

Las políticas de ajuste monetario y el bajo consumo han sido las herramientas principales de la administración para contener el alza de precios, un plan que ha generado un enfriamiento de la economía. Sin embargo, mientras el “torniquete monetario” parece moderar el impacto del dólar en el mercado, el costo de la canasta básica sigue escalando.

Diversas consultoras privadas, como LCG, Eco Go y Focus Market, confirman esta tendencia. En lo que va de agosto, algunas mediciones indican que los precios de los alimentos y bebidas aumentaron hasta un 3,1%, con incrementos destacados en frutas, carnes y aceites. Este fenómeno contradice la lógica de un mercado en recesión, donde la caída de la demanda debería presionar a la baja.

El responsable directo: las políticas de Milei y Caputo

Expertos y analistas señalan que la responsabilidad de esta situación recae en la gestión económica del gobierno. La implementación de un modelo de choque ha generado una recesión que, si bien modera algunos índices, tiene efectos desiguales. La inestabilidad del dólar y la falta de un plan integral para proteger el poder adquisitivo, especialmente en los sectores más vulnerables y de la economía informal, explican el alza de los alimentos.

Aunque el gobierno del presidente ultraderechista Javier Milei celebra públicamente la desaceleración de la inflación, los hechos demuestran que el sacrificio económico está recayendo desproporcionadamente en los productos esenciales para la supervivencia diaria, una realidad que contrasta con el discurso oficial. La asimetría entre la situación del trabajador formal y el informal, con este último «no pasándola bien», evidencia que el ajuste no es equitativo y castiga a quienes menos tienen, todo con el objetivo de llegar a las urnas en octubre con números presentables.