Argentina / Economía / Educación | El naufragio del futuro: Motosierra de Milei desgarra el tejido social y vacía la UNaM

El sueño de la movilidad social ascendente en Misiones se está hundiendo bajo el peso de un ajuste que ya no solo recorta presupuestos, sino que expulsa seres humanos del sistema. La Universidad Nacional de Misiones (UNaM) es hoy el epicentro de una tragedia silenciosa: la ruptura definitiva del tejido social donde estudiar se volvió un lujo imposible de costear.

Alexis Janssen, secretario general de Asuntos Estudiantiles de la institución, dio la voz de alarma sobre un proceso de deserción masiva que no tiene precedentes cercanos y que responde directamente a las políticas de «motosierra» implementadas por el presidente ultraderechista Javier Milei. Lo que antes era una red de contención para los hijos de colonos y trabajadores, hoy es un sistema al borde del colapso que lucha por ofrecer un plato de comida y un techo a jóvenes que, de otro modo, están condenados a la exclusión.

La desesperación por un lugar donde dormir y un plato de comida ha desplazado a la preocupación académica. Janssen confirmó que la demanda de albergues y comedores se ha vuelto una cuestión de supervivencia básica; los estudiantes ya no buscan solo apuntes, buscan refugio para no quedar en la calle. En un contexto de inflación asfixiante y quita de subsidios, la seguridad alimentaria en los comedores universitarios se ha transformado en la última frontera para evitar el abandono total. Sin embargo, el funcionario de la UNaM advirtió que el presupuesto actual es apenas un «parche» constante: se reparan cocinas y cañerías con lo mínimo mientras la infraestructura se cae a pedazos, reflejando un Estado nacional que ha decidido darle la espalda a la formación de su propio pueblo.

Esta crisis habitacional y alimentaria se traduce en una herida abierta para la provincia de Misiones. Con apenas mil plazas de albergue para toda la provincia —distribuidas entre Posadas, Oberá, Eldorado y otras sedes—, la universidad se ve obligada a administrar la escasez extrema. Según explicó Janssen, las preinscripciones para las residencias desbordan cualquier capacidad logística, y muchos jóvenes que dependen de estos beneficios para no quedar fuera del sistema ya están abandonando antes de empezar. El ejido social se rompe ahí mismo: en la mesa de entrada de una secretaría donde un estudiante entiende que, sin una beca de comedor o un colchón universitario, su proyecto de vida ha terminado.

El impacto estadístico de este desguace social es escalofriante y marca el inicio de una era de exclusión bajo el mandato del presidente ultraderechista Javier Milei. La UNaM registró una caída estrepitosa en su matrícula: de los 12.000 ingresantes que soñaban con un título en 2023, la cifra se desplomó a solo 7.000 en 2024. Son 5.000 jóvenes misioneros que, en apenas un año, fueron eyectados del sistema educativo superior. «Esos chicos ya están fuera del sistema», sentenció Janssen con una crudeza que describe el fracaso de un modelo que ve en la educación un gasto y no una inversión, condenando al interior productivo a un retraso que llevará décadas revertir.

Finalmente, el panorama para las sedes del interior como San Pedro o San Vicente es aún más sombrío, ya que los municipios, también asfixiados por la falta de fondos, encuentran cada vez más dificultades para sostener sus propios convenios de albergue. La universidad intenta resistir mediante entrevistas socioambientales para detectar los casos de indigencia estudiantil más graves, pero la realidad es que el tejido social de Misiones está siendo desmantelado. Mientras el Gobierno nacional celebra el superávit, las aulas misioneras se vacían y los comedores universitarios se vuelven trincheras de resistencia para una juventud que se niega a aceptar que su único destino sea la precariedad. (Con información FM Santa María de las Misiones)