Argentina / Economía | Crisis cambiaria en ascenso: el dólar, una bomba advertida por bancos y el FMI

Mientras el ex director del FMI, Claudio Loser, sentencia que "el dólar está atrasado" y reclama un giro hacia la "ortodoxia", una carta secreta de las cámaras bancarias, enviada a mediados de julio, revela que el sistema financiero ya había alertado al Banco Central sobre las "tensiones" cambiarias que se desatarían. La eliminación de las LEFI inyectó 10 billones de pesos en el mercado, desatando una volatilidad que puso al borde del precipicio las tasas de interés y la cotización del billete verde, con un sector bancario que ya anticipaba el caos y amenazaba con la desestabilización.

La economía argentina enfrenta un nuevo capítulo de incertidumbre con el dólar en el centro de la tormenta. Las advertencias no son nuevas, pero su contundencia y la proveniencia de las mismas elevan la alarma a niveles críticos. A las voces expertas que desde hace semanas señalaban un peligroso atraso cambiario, se suma ahora la revelación de que el propio sistema bancario había alertado al Gobierno sobre la inminente crisis, una premonición que hoy se materializa con crudeza.

Claudio Loser, ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI), no se anduvo con rodeos. En un diálogo con Radio El Destape, fue lapidario: «el dólar está atrasado». Esta afirmación resuena con la reciente advertencia del FMI en un documento oficial, donde se destacó la «debilidad de las reservas del país» y la urgente necesidad de medidas para su fortalecimiento.

«Esto no es un terremoto, es una advertencia», matizó Loser, pero con el peso de quien conoce las entrañas del organismo. Si bien reconoció una «recuperación importante en julio», el economista insistió en la necesidad de que Argentina «gane competitividad y vea cómo acumula reservas», criticando la falta de pragmatismo. «Se equivocaron pensando que el dólar iba a bajar a 1000, y por supuesto no lo van a reconocer», disparó, señalando la rigidez «doctrinaria» del equipo económico.

Sin embargo, las alarmas más específicas y urgentes provinieron de un sector clave: los bancos. A mediados de julio, las cuatro principales entidades bancarias del país (Adeba, ABA, ABE y Abappra) enviaron una «carta secreta» al Banco Central, cuyo contenido, revelado por consultoras privadas, expone una advertencia escalofriante. El mensaje, fechado alrededor del 14 de julio, era claro: el desarme de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI) y la consecuente liberación de 10 billones de pesos en el mercado tendrían «efectos negativos» directos sobre la liquidez del sistema y, por ende, sobre la estabilidad cambiaria.

Los banqueros no solo anticiparon el desanclaje de las tasas de interés en pesos y la disparada de la presión cambiaria, sino que ofrecieron soluciones concretas para mitigar el impacto. Propusieron al BCRA mantener una ventana de liquidez a cortísimo plazo y flexibilizar el «exceso de integración de efectivo mínimo», medidas que habrían permitido a las entidades manejar mejor la inyección de pesos.

Las LEFI, argumentaron, ofrecían ventajas operativas únicas, como flexibilidad regulatoria, que otras alternativas no poseen. La ineficacia del Gobierno para redireccionar esos pesos en circulación provocó una fuerte volatilidad en las tasas, con el costo del crédito en pesos disparándose hasta el 100% en algunos casos, poniendo en jaque las finanzas empresariales.

La tensión alcanzó tal nivel que, un día después de que el ministro Luis Caputo criticara a los bancos por no haber canjeado las LEFI por Lecaps como esperaba, el presidente de Adeba, Javier Bolzico, mantuvo una reunión «sorpresiva» con el presidente Javier Milei. Esta cadena de eventos subraya la preocupación del sistema financiero, que ve cómo la volatilidad de las tasas de muy corto plazo expone la «fragilidad del esquema actual», como advirtió Adcap Grupo Financiero. El mercado de futuros de dólar, en tanto, se encuentra en su mayor nivel de cobertura en la era Milei, reflejo de una creciente incertidumbre.

La lectura del escenario es compleja: mientras el Gobierno insiste en la acumulación de reservas, el costo de sostener un tipo de cambio real «relativamente bajo» exige tasas cada vez más elevadas para evitar una corrida hacia el dólar. La propuesta de los bancos, que incluía la creación de un mecanismo intradiario de fondeo similar al de los bancos centrales de potencias mundiales, buscaba precisamente evitar el colapso de liquidez que ya se estaba gestando.

En definitiva, la situación actual del dólar no es un hecho aislado ni imprevisto. Es la consecuencia de una política monetaria y cambiaria que, a pesar de las advertencias explícitas y tempranas de los principales actores del sistema financiero y de expertos internacionales, parece haberse aferrado a un dogma antes que al pragmatismo. La «bomba de tiempo» cambiaria, por tanto, no solo fue advertida, sino que su detonación parece ser, en gran medida, el resultado de decisiones postergadas y recomendaciones ignoradas.