Argentina / Economía / Agro | Cosecha récord con sequía de billetes: La lluvia de granos no se traduce en una lluvia de dólares

El campo argentino vive una paradoja que enciende las alarmas en el Banco Central: a pesar de que los silos están llenos gracias a una cosecha récord, la liquidación de divisas se muestra llamativamente esquiva.

Según los últimos datos de CIARA-CEC, el complejo agroexportador volcó al mercado 2.495 millones de dólares en abril, lo que representa una caída del 1% interanual. Si bien la cifra es un 23% superior a la de marzo, el acumulado del primer cuatrimestre de 2026 deja un saldo preocupante de 7.667 millones de dólares, marcando un retroceso del 11% respecto al mismo periodo del año anterior, una brecha que el Gobierno nacional libertario sigue de cerca.

La explicación de este fenómeno tiene mucho que ver con el «efecto resaca» de las políticas fiscales pasadas. Gustavo Idígoras, presidente de CIARA-CEC, señala que la suspensión de derechos de exportación que se aplicó el año pasado funcionó como un potente imán que adelantó la liquidación de divisas hasta marzo, dejando un vacío difícil de llenar en los meses siguientes. Ahora que esos beneficios ya no están vigentes, el mercado de granos parece haber entrado en una meseta, donde los efectos de los incentivos previos ya no se sienten y la exportación vuelve a su ritmo inercial, a pesar de que el volumen físico de la cosecha sea históricamente alto.

En el sector analizan que la reticencia a liquidar no es solo una cuestión de nostalgia por los beneficios fiscales, sino una respuesta lógica a la coyuntura de precios internacionales y expectativas de cambio. Muchos productores, al ver que la suspensión de retenciones se terminó, optan por resguardar el valor de su trabajo en el grano -el famoso «silobolsa»- a la espera de condiciones más favorables o de una mayor claridad sobre el rumbo del tipo de cambio. Esta estrategia de cautela genera un cuello de botella financiero: hay producto para vender, pero el incentivo para convertirlo en pesos se ha enfriado notablemente en este inicio de 2026.

Desde la Cámara de la Industria Aceitera subrayan que la baja de abril, aunque parece insignificante en el papel, es el síntoma de una normalización que llega con menos billetes de lo esperado. El fin de la suspensión de retenciones operó como un «anticipo» que infló los números de los meses previos, dejando al descubierto que la capacidad del campo para sostener las reservas del país depende de algo más que de un buen clima. Hoy, la competitividad ya no pasa solo por la cantidad de toneladas cosechadas, sino por cómo el marco regulatorio y fiscal logra seducir al exportador para que no guarde su cosecha bajo llave.

En definitiva, el campo cumplió con su parte y la naturaleza acompañó con rindes excepcionales, pero el rompecabezas económico todavía tiene piezas sueltas. El desafío para lo que queda del año será encontrar el punto de equilibrio donde el ingreso de divisas logre empalmarse con la realidad de una cosecha récord que, por ahora, se ve más en los camiones que en las cuentas del Estado. Sin nuevos estímulos a la vista y con el efecto de los adelantos ya agotado, el cuatrimestre cierra con una lección clara: en el mercado de granos, la abundancia en el campo no siempre garantiza la abundancia en la caja.