Argentina / Economía | Advertencia de un íntimo: De Pablo y el peligro de una apertura sin red que puede aniquilar la industria

La reciente alianza estratégica entre Argentina y Estados Unidos ha encendido las alarmas incluso en el círculo de hierro del poder. Juan Carlos de Pablo, el economista que frecuenta la Quinta de Olivos para compartir veladas de ópera y discusiones técnicas con el presidente ultraderechista Javier Milei, lanzó una advertencia que resuena como un trueno en el sector productivo.

Para Juan Carlos de Pablo, la apertura comercial no es un proceso inocuo, sino un desafío que expone las heridas abiertas de la economía local. Si el Gobierno no acelera la corrección de los costos internos, el acuerdo podría transformarse en una trampa mortal para la producción nacional, que hoy compite en una «cancha inclinada» frente a gigantes externos que operan con una carga impositiva y regulatoria infinitamente menor.

La voz de De Pablo no es la de un opositor, sino la de un confidente que entiende como pocos la psicología de la «motosierra» oficial. Su cercanía con Milei, consolidada en esas tardes de domingo donde el análisis de datos se mezcla con la música clásica en la residencia presidencial, le otorga una autoridad única para señalar los puntos ciegos del modelo. El economista sostiene que la llegada de productos norteamericanos le mete una presión insoportable a un sistema que aún arrastra impuestos distorsivos, un gasto público ineficiente y una maraña de regulaciones que asfixian al privado. «Urge revisar la cancha inclinada con más razón que antes», sentenció, dejando en claro que abrir las fronteras sin sanear el costo argentino es una apuesta de alto riesgo.

Uno de los puntos más críticos en el diagnóstico de este asesor en las sombras es la parálisis del sector pyme frente a la incertidumbre legal. De Pablo advierte que ninguna reforma laboral será efectiva si no se ataca de raíz lo que él denomina el «riesgo judicial». Según su visión, el empresario no deja de contratar por el nivel de los salarios —que en provincias como Misiones ya están en niveles de subsistencia— sino por el pánico a los juicios laborales que pueden quebrar una empresa de la noche a la mañana. En este sentido, la advertencia es dirigida directamente a la seguridad jurídica: sin un cambio profundo en los tribunales, el impacto de los acuerdos comerciales será nulo o, peor aún, destructivo para el empleo local.

El análisis del economista también rozó la sensibilidad política al referirse a los ruidos en el INDEC tras la salida de Marco Lavagna. De Pablo, conocedor de los tiempos del poder, advirtió que la postergación en los cambios metodológicos del índice de precios es un regalo para la oposición que «se lo van a recordar por mucho tiempo» al Gobierno. En un escenario donde la credibilidad es el activo más valioso del presidente ultraderechista Javier Milei, cualquier sombra de duda sobre las estadísticas oficiales puede dinamitar la confianza de los mercados y de la propia base electoral, especialmente cuando la inflación sigue siendo la principal preocupación de la ciudadanía.

Finalmente, la advertencia de De Pablo pone de relieve una contradicción latente: mientras el Ejecutivo celebra la sintonía con Washington, los sectores productivos de provincias como Misiones miran con terror un escenario de mayor competencia externa sin una baja real de la presión fiscal regional. El economista fue contundente al explicar que la decisión de contratar personal depende de las ventas, pero se frena en seco si contratar significa «comprarse un problema a futuro». La apertura comercial bajo estas condiciones, sin reformas estructurales urgentes que nivelen el terreno, amenaza con profundizar la crisis de una industria que ya camina por la cornisa de la supervivencia.