Durante el mes de febrero de 2026, el costo de vida mantuvo su tendencia alcista con un incremento del 2,7% en la CBT, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) -que marca el límite de la indigencia- subió un 3,2%, evidenciando que lo que más duele es, precisamente, lo más básico: la comida. Este dato no contempla alquiler de vivienda ni mantenimientos.
La comparación interanual es la que mejor describe la gravedad de la crisis económica reinante: en apenas doce meses, el costo de la canasta alimentaria se disparó un 37,6%, superando el ritmo de aumento de la canasta total, que registró un 32,1% en el mismo periodo. Estos números reflejan un escenario donde cubrir las necesidades nutricionales mínimas exige un esfuerzo financiero cada vez mayor, dejando a miles de hogares en una situación de vulnerabilidad extrema frente a una inflación que no da respiro.
Para entender qué significa estar por encima de la línea de pobreza, es necesario precisar que la CBT integra bienes y servicios esenciales como vestimenta, transporte, salud y educación. Sin embargo, existe una trampa estadística que agrava la situación: la medición oficial no contempla el costo de un alquiler. Para el INDEC, la «vivienda» solo abarca servicios básicos, lo que implica que cualquier familia que deba pagar una renta mensual está, en la práctica, muchísimo más lejos de cubrir sus necesidades de lo que indican las cifras oficiales.
Si observamos el acumulado de lo que va del año 2026, la situación es igual de alarmante: en solo dos meses, los alimentos ya subieron un 9,3% y la canasta total un 6,8%. Esta aceleración en el primer bimestre del año marca un piso muy alto para las proyecciones futuras, consolidando la percepción de que el costo de vida en Argentina se ha vuelto una carga insostenible para la clase media y los sectores más desprotegidos, quienes deben sumar a estas cifras el peso asfixiante de los alquileres.
La composición de estas canastas muestra que no hay margen para el ahorro ni para gastos superfluos; se trata de lo «imprescindible» para cubrir requerimientos kilocalóricos y servicios básicos fundamentales. Con una brecha interanual que roza el 40% en alimentos, la canasta básica ha dejado de ser un indicador estadístico para transformarse en el espejo de una Argentina donde incluso tener un trabajo en blanco ya no garantiza escapar de la marginalidad.

