«El principio de revelación dice que aquellos que defienden la industria nacional son unos chorros», sentenció Milei, vinculando la protección arancelaria directamente con actos de corrupción y robo.
El discurso del jefe de Estado escaló en tensión al referirse puntualmente al dueño de Aluar y Fate, a quien acusó de intentar extorsionar al Gobierno para mantener medidas antidumping sobre el aluminio. Según el presidente ultraderechista, Madanes Quintanilla amenazó con despidos masivos si no se mantenían las barreras a la importación china: “Si no le manteníamos la barrera, nos iba a tirar 920 trabajadores a la calle un día antes de tratar la reforma laboral; y nos tiró 920 trabajadores a la calle”, denunció, calificando el accionar del empresario como una maniobra de «gente mala».
Para Milei, la defensa de la industria nacional es en realidad un reclamo por «cazar en el zoológico» a costa de precios más altos para los 48 millones de argentinos. Defendió la apertura comercial indiscriminada como la única vía para terminar con lo que denominó «nacionalismo berreta de pacotilla», el cual, según su visión, sirve para encubrir la «coima» y los acuerdos espurios entre la política y los empresarios prebendarios. En esa línea, comparó su gestión con la anterior, afirmando que los ataques del kirchnerismo a grandes grupos económicos eran simplemente tácticas de negociación para obtener retornos.
Además de la confrontación con el sector industrial, el mandatario introdujo el concepto de «riesgo kuka» para explicar por qué el riesgo país no desciende de los 550 puntos básicos pese a sus reformas. Aseguró que el temor de los mercados a un eventual regreso del populismo después de 2027 funciona como un «cisne negro» que encarece el financiamiento externo. El presidente ultraderechista planteó que, de no existir este factor político, Argentina podría estar creciendo a tasas del 8% anual, permitiendo duplicar el PBI en menos de una década.
Finalmente, el mandatario reafirmó su compromiso con la eliminación total de cualquier traba a las importaciones, asegurando que su administración está haciendo «todo para terminar de una vez por todas con el populismo». Ante el auditorio en Nueva York, dejó en claro que no retrocederá en su disputa con los sectores productivos tradicionales que reclaman protección, a quienes calificó como una «manga de chorros» que utiliza al Estado para sostener ineficiencias y privilegios económicos.

