Argentina / Economía | La industria no encuentra su piso y el uso de la capacidad instalada se hundió al 53,8 %

La parálisis del aparato productivo nacional ha alcanzado niveles de alarma extrema tras confirmarse que la utilización de la capacidad instalada en la industria manufacturera retrocedió por tercer mes consecutivo, cerrando diciembre de 2025 en un preocupante 53,8%. Según los datos oficiales difundidos por el Indec, este indicador -que refleja cuánta maquinaria y estructura fabril está efectivamente en marcha- se desplomó a su punto más bajo en casi dos años, situándose apenas por encima del piso histórico de marzo de 2024.

Esta alarmante caída confirma las advertencias que Vox Populi venía sosteniendo sobre el enfriamiento de la economía real bajo la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei, donde más de la mitad de las fábricas del país permanecen hoy ociosas.

El informe técnico revela una realidad desoladora para sectores estratégicos que son motores del empleo genuino: la industria automotriz opera a tan solo un 31,2% de su capacidad, mientras que el rubro textil apenas alcanza el 35,2%. Estas cifras, que se ubican muy por debajo del promedio general, exponen la gravedad de una recesión que ha golpeado de lleno en el consumo interno y en la producción de bienes durables. En comparación con diciembre de 2024, cuando la ocupación de planta era del 56,7%, la brecha negativa evidencia que la política de ajuste y la caída del poder adquisitivo han vaciado las líneas de montaje de las principales terminales del país.

Uno de los datos más dramáticos del reporte del Indec es el retroceso en la fabricación de bienes de uso doméstico y maquinaria agrícola, sectores que sufrieron desplomes interanuales del 43% y 22,9% respectivamente. La metalmecánica, excluida la automotriz, registró una utilización de apenas el 38,9%, lo que implica que casi el 60% de su potencial productivo está desperdiciado. Esta inactividad forzada no solo pone en riesgo la estabilidad de miles de puestos de trabajo, sino que también desincentiva cualquier tipo de inversión genuina en un contexto donde el costo de mantener una planta abierta supera con creces los beneficios de una producción que no encuentra compradores.

En la vereda opuesta, solo rubros específicos como la refinación de petróleo (87,1%) y las industrias metálicas básicas (57,5%) lograron mantenerse por encima del nivel general, impulsadas principalmente por el sector exportador de acero crudo, que registró un leve repunte del 11,9%. Sin embargo, estas excepciones no logran compensar el naufragio de la industria liviana y el consumo masivo. Sectores como el caucho, el plástico y el tabaco muestran niveles de operatividad cercanos al 30%, una señal inequívoca de que la estructura industrial argentina está funcionando a «media máquina», atrapada entre el aumento de los costos operativos y un mercado interno que se ha pulverizado.

La crisis industrial se entrelaza de forma crítica con los datos sociales conocidos recientemente, donde la suba de la canasta alimentaria de casi el 6% termina de asfixiar cualquier capacidad de ahorro o consumo de bienes industriales por parte de las familias. Con una capacidad instalada que no encuentra fondo, el panorama para el primer trimestre de 2026 se presenta sombrío, marcado por la incertidumbre de un sector productivo que aguarda señales de reactivación que no llegan. Mientras las fábricas sigan apagando sus motores, el riesgo de una desindustrialización profunda se vuelve una amenaza cada vez más tangible para el entramado social del país.