Esta confirmación estadística llega para dar respaldo a las proyecciones que advertían sobre la licuación de los ingresos frente a una inflación que corre a un ritmo mucho más agresivo que los haberes nominales. Desde Vox Populi se venía informando de esta situación hace semanas.
El dato más alarmante surge al analizar el acumulado de la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei, donde los salarios del sector público se han derrumbado casi un 20% en términos reales. Desde la llegada del Ejecutivo actual en noviembre de 2023, la pérdida de poder de compra de los estatales alcanzó el 17,03% oficial, una cifra que se estira al 22,6% si se aplicaran los índices de medición actualizados que el Gobierno decidió no publicar. Este desplome masivo de los ingresos explica la conflictividad social que se multiplica en sectores clave como la salud, la docencia y las fuerzas de seguridad en todo el país.
La brecha entre los aumentos otorgados y el costo de vida real es aún más profunda si se considera la polémica salida de Marco Lavagna del Indec tras la decisión oficial de no utilizar la canasta de 2017/18. Economistas y especialistas señalan que la pérdida salarial real está siendo maquillada por una metodología que no refleja el peso actual de los servicios y las tarifas en el presupuesto de los hogares. Bajo una medición moderna, la caída de los privados durante 2025 no sería marginal, sino que treparía al 8,1%, evidenciando un deterioro que cruza a toda la clase trabajadora sin distinciones.
Esta dinámica de «actualización tardía» de los haberes -que siempre corren por detrás de la inflación pasada- ha generado que los ingresos de los trabajadores registrados retrocedan a niveles de finales de 2024. Para el sector privado, la caída real en diciembre fue del 0,3%, acumulando cuatro meses consecutivos a la baja. La percepción de los hogares coincide con los datos de las consultoras: la estructura de gasto actual, marcada por los constantes aumentos en la canasta básica, no encuentra alivio en paritarias que apenas alcanzan para cubrir la inercia de precios del mes anterior.
La confirmación de estos datos por parte del organismo nacional cierra un círculo de advertencias sobre la inviabilidad de sostener el consumo con ingresos que pierden sistemáticamente contra la góndola. Mientras los conflictos gremiales escalan en puntos críticos como Rosario, la estadística oficial le da la razón al reclamo de la calle: trabajar ya no garantiza escapar de la pobreza. El desafío para 2026 comienza con un piso de ingresos sumamente degradado y una tensión social que encuentra en el derrumbe salarial de la era Milei el combustible necesario para nuevos reclamos de recomposición urgente.

