Argentina / Economía | Impacto de la inflación dispar en las jubilaciones

La inflación en Argentina, caracterizada por índices dispares entre regiones como la Ciudad de Buenos Aires (CABA), la provincia de Buenos Aires y otras provincias, tiene un efecto directo y perjudicial en las jubilaciones. Desde abril de 2024, los haberes jubilatorios administrados por la ANSES se ajustan mensualmente según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC, una fórmula que reemplazó a la anterior movilidad trimestral. Sin embargo, la obsolescencia de la medición nacional —basada en una canasta de consumo de 2004/2005— subestima la inflación real, lo que resulta en aumentos insuficientes que erosionan el poder adquisitivo de los jubilados.

Subestimación del IPC y Pérdidas Acumuladas
El IPC nacional no refleja con precisión el aumento en costos clave como tarifas, transporte y servicios, que hoy pesan más en el gasto familiar. Esto genera una brecha: entre abril de 2024 y diciembre de 2025, las jubilaciones mínimas aumentaron un 99%, pero con una canasta actualizada (basada en la ENGHo 2017/2018), el incremento habría sido del 140%, una diferencia del 21%. En términos concretos, cada jubilado con el haber mínimo perdió alrededor de $1.032.000 por el desfase en el índice, sumado a $1.369.483 por el bono previsional congelado en $70.000 desde marzo de 2024, totalizando más de $2.401.483 en pérdidas acumuladas.

Para febrero de 2026, el aumento anunciado es del 2,85%, elevando el haber mínimo a $359.254,35 (o $429.219,42 con bono). Esta cifra queda por debajo de la Canasta Básica Total (CBT) de diciembre de 2025, que se ubicó en $423.532, condenando a muchos jubilados a la pobreza. La subestimación del IPC implica que los ajustes no compensan el verdadero costo de vida, agravando la indigencia entre adultos mayores.

Disparidades Regionales y su Efecto Diferencial
Las variaciones regionales amplifican el problema. En CABA, donde la inflación de enero 2026 fue del 3,1%, superior al promedio nacional de 2,9%, los jubilados enfrentan mayores presiones en alimentos (suba del 4,7% nacional, pero más alta en carnes y verduras en áreas urbanas) y servicios como restaurantes (4,1%). En la provincia de Buenos Aires, el conurbano requiere más de $814.000 para la canasta básica, mientras que el interior muestra incrementos similares al nacional. Regiones como el Noroeste (La Rioja, Catamarca) tienen subas menores en algunos rubros, pero dependen más de subsidios y bienes esenciales, donde la inflación estacional (5,7%) en turismo y productos de verano) impacta desigualmente. Pero se da el caso notable del NEA, que registró en enero una inflación del 3,8%.

Dado que las jubilaciones se ajustan por el IPC nacional uniforme, los jubilados en zonas de alta inflación como CABA o el Gran Buenos Aires pierden más poder adquisitivo que en provincias con menores alzas, como el interior bonaerense o Patagonia. Esto profundiza desigualdades: en Misiones, donde la inflación en alimentos y transporte supera el promedio debido a factores logísticos y fronterizos, el ajuste nacional no captura estas brechas, aumentando la vulnerabilidad local.

La Polémica Renuncia de Lavagna y sus Implicancias
La renuncia de Marco Lavagna al INDEC el 2 de febrero de 2026, motivada por desacuerdos sobre la implementación inmediata del nuevo IPC, agrava la situación. Lavagna impulsaba una actualización que habría mostrado una inflación de enero del 3,4%, lo que implicaría ajustes jubilatorios más altos en marzo. El Gobierno, priorizando la «desaceleración aparente» (proyectada en 10,1% para 2026, vs. 20% estimado por privados), postergó el cambio, evitando un aumento en los haberes que podría haber mitigado pérdidas. Esta decisión, criticada como un «caputazo» (intervención política), evoca manipulaciones pasadas y perpetúa subestimaciones que afectan jubilaciones, AUH y pensiones.

Consecuencias Más Amplias y Perspectivas
A largo plazo, esta dinámica no solo aumenta la pobreza (el IPC subestimado oculta niveles reales más altos), sino que impacta el PBI (que se recalculará a la baja) y desincentiva inversiones. Para los jubilados, representa una licuación sistemática: entre noviembre de 2023 y 2025, la brecha acumulada fue de 11,2 puntos porcentuales, sin retroactividad en correcciones. Expertos urgen una actualización para alinear con la realidad, pero el Gobierno la demora hasta consolidar la baja inflacionaria.
Las disparidades inflacionarias y la medición poco confiable del INDEC generan ajustes insuficientes en jubilaciones, mayores pérdidas en regiones de alta inflación y una erosión general del ingreso de los más vulnerables. Esto no solo afecta el presente, sino que compromete la sostenibilidad económica de millones de argentinos.