La caída del empleo formal es estrepitosa en sectores estratégicos que históricamente motorizaron la economía. La construcción encabeza el desplome con una pérdida de 88.000 puestos, seguida por la industria con 46.000 y el transporte con 38.000 bajas. Según el economista Martín Redrado, el país se encamina hacia una transición donde los rubros tradicionales ceden terreno ante la energía, el agro, la minería y la tecnología, lo que plantea un desafío mayúsculo para la reconversión de una mano de obra que queda a la deriva en un mercado cada vez más excluyente.
El dato que más alarma a los analistas es la composición actual de la fuerza laboral: sobre un universo de 22,6 millones de puestos, solo 11 millones cuentan con el respaldo de la formalidad pública o privada. En contrapartida, existen casi 6 millones de cuentapropistas y 5,6 millones de asalariados no registrados. En rubros como el servicio doméstico, la informalidad es total, con más de un millón de personas trabajando fuera del radar estatal, seguidas de cerca por el comercio y la agricultura, donde el empleo «en negro» bate récords históricos.
Esta precariedad se ve agravada por una erosión brutal del poder adquisitivo, afectando con especial dureza a los empleados públicos y a quienes se desempeñan en la informalidad. En comparación con el tercer trimestre de 2023, el sistema perdió 222.000 trabajadores registrados, mientras que el sector informal absorbió a 231.000 personas y el cuentapropismo sumó otras 400.000. El resultado es una masa de más de nueve millones de trabajadores que carecen de derechos laborales, cobertura social o previsión para su jubilación.
Finalmente, la estadística revela que en sectores clave como la hotelería, la construcción y la salud privada, los trabajadores no registrados ya son más numerosos que los legalizados. Con un 43,8% de asalariados privados en la informalidad y un 64% de independientes fuera del sistema, el Ejecutivo enfrenta el reto de una reforma laboral que promete ser el primer eslabón de una serie de cambios tributarios y previsionales. Sin embargo, el «punch» de la realidad muestra que, por ahora, la balanza se inclina peligrosamente hacia la desprotección total del trabajador.
Lo más importante del informe:
Dominio de la informalidad: Los trabajadores informales y cuentapropistas ya superan en número a los empleados registrados totales.
Sectores en crisis: La construcción, la industria y el transporte sufren las mayores caídas de empleo formal.
Récords negativos: El servicio doméstico encabeza la lista de empleo no registrado (más de 1.152.000 personas).
Impacto previsional: La falta de aportes de casi 10 millones de personas acelera el deterioro del sistema de jubilaciones.
Desplazamiento laboral: El mercado se está moviendo desde la industria hacia sectores como energía y tecnología, dejando un vacío en los rubros tradicionales.

