Esta semana se dio a conocer la noticia de que en la comunidad Mbokajaty, en San Ignacio, destruyeron casas y se robaron pertenencias. Tras el hecho, denunciado ante la Policía -y ya en la Justicia-, los guaraníes esperan respuestas. En otro episodio ocurrido en junio, pero divulgado estos días, un hombre de la comunidad Ka’aguy Ovy, Caraguatay, fue herido al dispararse una armadilla construida con una escopeta de calibre 16 –trampa para animales- cuando caminaba por un trillo.
Mbokajaity es una pequeña Comunidad ubicada dentro del territorio relevado de Tekoa Mbokajaty, San Ignacio, que sufrió la destrucción de casas y robo de los materiales caídos, e incluso pertenencias de la comunidad.
Tras el hecho ocurrido en San Ignacio, el mburuvicha ((líder) Rosalino Ramos presentó una denuncia en la comisaría local, dejando asentado que su hija, Marina Ramos, fue la principal afectada por el ataque y aseguró que desconoce el motivo por el cual fue destruída su casa.
Horas más tarde, efectivos policiales se acercaron a la Comunidad y tomaron algunas fotos para constatar el hecho, aunque aseguraron que “van a esperar las órdenes de juez y ver qué medida toman”, indicó Silvio Méndez, de la Comunidad Mbokajaty. Ahora el caso fue elevado al Juzgado de Instrucción N°2 de Jardín América.
«Mientras el Gobierno provincial y la Justicia se toman su tiempo, hay una familia que se quedó sin techo, a la intemperie y con el miedo de sufrir represalias mayores. Es urgente el accionar provincial, no sólo para frenar este caso particular sino para ponerle un parate a los ataques que se vienen cometiendo contra el Pueblo Mbya, que no son aislados, sino más bien sistemáticos y organizados», asegura el Equipo Misiones de Pastoral Aborigen.
La Comunidad Mbokajaty, ubicada en San Ignacio, ha sido blanco de una serie de acontecimientos violentos en los últimos años, en los que quienes se adjudican la propiedad de su territorio intentan ingresar por medio de la fuerza y la violencia.
Nuevamente fueron víctimas de un ataque, en el que destruyeron casas y posteriormente robaron los materiales caídos, e incluso pertenencias de la Comunidad.
“Ayer por la mañana, supuestos propietarios fueron a desarmar las casas de una familia. Tumbaron dos casas, llevaron las chapas que sacaron, cables de luz y hasta un molino que tenían para moler maíz”, relató Silvio Méndez, representante legal de la Comunidad.
Según explicó, una de las dos casas quedó totalmente destruída, mientras que la otra fue destechada, pero temen que vuelvan para seguir tumbando las paredes que faltan. Es por eso que hoy (lunes 15/07), el mburuvicha Rosalino Ramos, presentó una denuncia en la comisaría local, donde dejó asentado que la afectada fue Marina Ramos, su hija.
El hecho ocurrió específicamente en Mbokajaity, a 500 metros de Mbokajaty 2. Junto con Mbokajaty 1, son comunidades que fueron relevadas en el marco de la Ley 26160 y comparten territorio, por lo que estos ataques los afectan de igual manera y se unen para realizar los reclamos.
«Ahora, una familia entera se encuentra no solamente a la intemperie, sino además con el temor de que las represalias se intensifiquen y de ser agredidos físicamente. Este tipo de hechos contra las Comunidades Mbya en Misiones se dan de manera reiterada y eso no es casualidad. La violencia sistemática a la que están siendo sometidos en distintos puntos de la provincia por temas territoriales habla de un Estado facilitador para que sucedan estas cosas», señalan desde EMIPA.
Mbya herido tras caer en una trampa y recibe amenaza de muerte
El segundo caso denunciado este miércoles, relata que Marcelo Villalba, un joven de 26 años miembro de la Comunidad Ka’aguy Ovy, Caraguatay, fue herido al dispararse una armadilla construida con una escopeta de calibre 16 –trampa para animales- cuando caminaba por un trillo. Se trata de un arma de fabricación casera, comúnmente utilizada para la caza furtiva, que le provocó una fractura expuesta de tibia izquierda.
El hecho sucedió semanas atrás, el 23 de junio, y aunque en su momento el mburuvicha, Cornelio Acosta, realizó la denuncia en la comisaría local, recién el martes 16/0, pudo acercarse a hacerlo personalmente el damnificado, teniendo en cuenta la gravedad de las heridas sufridas, el estado anímico en el que quedó y la falta de movilidad para trasladarse.
Los hechos
El joven había ido en busca de alimentos al monte, cuando pisó un hilo tipo pateador que se encontraba escondido; al pisarlo cayó en la trampa y “se dispararon varios perdigones de un arma de fuego tipo escopeta”, calibre 16, que se hallaba aproximadamente a dos metros de la armadilla, especificó en la denuncia.
La víctima del disparo de la trampa recordó que perdió mucha sangre y tuvo que fabricarse unas muletas con palos que encontró en el monte para regresar a su casa. Fue entonces cuando se topó con dos personas -con acento paraguayo-, empleados de Jonathan Stockman, propietario de la trampa. Pese al mal estado en el que se encontraba y haberles pedido ayuda para volver, los hombres se negaron y dieron aviso a su patrón, además le advirtieron que se fuera si quería preservar su vida.
“Momentos más tarde, el señor Stockman se dirige hacia donde estaba mi yerno y le dice que le iba a disparar, apuntándole pero sin efectuar el disparo. Luego de esto lo dejan abandonado en mal estado por causa de la herida de la armadilla, llegando a su casa a las 4 de la mañana del siguiente día”, consta en la denuncia del mburuvicha.
Con ayuda de sus familiares, el joven mbya llegó hasta el hospital de Puerto Rico y luego fue derivado al Samic de Eldorado, donde constataron la fractura a causa de la armadilla. Aunque no le costó la vida, su recuperación llevará hasta seis meses.
«¿Qué hubiera sucedido si era un niño quien pisaba la trampa? ¿Estaría vivo? Surgen estos interrogantes ante una situación indignante, de extremo peligro, y sobre todo teniendo en cuenta que los responsables aseguraron que “todo el monte está lleno de armadillas”, a modo de amenaza, por lo que esto puede volver a ocurrir, y el final puede ser trágico. Además, este tipo de arma está prohibida», plantean desde EMIPA.
En cuanto al joven, desde su Comunidad afirmaron que “está muy asustado, quiere sanar y vivir tranquilo con su familia”.
La policía se acercó hasta el lugar para marcar el lugar donde fue puesta la trampa, pero no encontraron nada. En el lugar quedó solamente una bota del malherido y una bolsa vacía. De hecho, al momento del accidente llevaba un machete que no pudieron encontrar, por lo que
presumiblemente se lo llevaron estas personas.
“Fuimos con la policía para ver, después de unos días. Marcelo no pudo ir, entonces yo le dije a la policía que los iba a acompañar. El machete de él no lo encontramos, fuimos a buscarlo pero no estaba más”, cerró el mburuvicha.
