Según el último informe de la consultora Casa Tres, este indicador no solo encadenó su tercer descenso mensual consecutivo, sino que superó los picos de descontento de septiembre de 2024 y 2025, cuando se situaba en -13. El deterioro del clima social se vincula directamente con la persistente pérdida del poder adquisitivo y una incertidumbre económica que ya no solo afecta las expectativas a futuro, sino la estabilidad del presente.
La magnitud del retroceso en febrero refleja una tensión creciente en la opinión pública, donde la brecha entre los indicadores macroeconómicos y la realidad del bolsillo diario parece profundizarse. El dato de -14 puntos es un hito en la serie histórica de la consultora, marcando un nivel de irritación social que no se había manifestado con tal intensidad en los últimos dos años. Este escenario pone de relieve que el malestar ha dejado de ser una tendencia moderada para transformarse en un estado de pesimismo consolidado frente a la administración nacional.
Un elemento disruptivo en este último relevamiento es el protagonismo del desempleo dentro de las preocupaciones ciudadanas. Por primera vez en la medición, la inquietud por la estabilidad laboral alcanzó el máximo nivel de menciones espontáneas, lo que sugiere un desplazamiento del foco de conflicto: del temor a la inflación se ha pasado al temor por la pérdida del puesto de trabajo. Este cambio en la percepción social añade una capa de fragilidad al humor colectivo, que ahora monitorea con mayor ansiedad las señales de enfriamiento en el mercado laboral.
En términos metodológicos, el estudio de Casa Tres cruza variables críticas como la evaluación de la gestión de gobierno, la capacidad de consumo y las expectativas sobre el rumbo del país. Si bien el informe detecta que el oficialismo retiene núcleos de apoyo más firmes en segmentos específicos como los jóvenes, los hombres y los estratos de mayor nivel socioeconómico, la caída hacia el terreno negativo es transversal y afecta con mayor dureza a los sectores medios y bajos, donde la inflación y la recesión golpean de forma directa.
Finalmente, la directora de la consultora, Mora Jozami, advirtió que el malestar social encuentra su raíz en la falta de impacto tangible de las mejoras económicas en la cotidianeidad de la población. El informe concluye que, sin señales claras de recuperación en el corto plazo, el clima de irritación social corre el riesgo de profundizarse aún más. Con el récord de -14 puntos sobre la mesa, el diagnóstico de febrero enciende alarmas sobre el límite de tolerancia de un tejido social que comienza a priorizar la preocupación por el empleo sobre cualquier otra variable.

