Argentina / Economía | El ajuste no perdona rituales: Cae el consumo de yerba y carne, los símbolos de la identidad argentina

El impacto de la crisis libertaria ha llegado finalmente a la mesa y al fogón de los argentinos, afectando incluso a aquellos consumos que históricamente se consideraban inamovibles. Durante el primer trimestre de 2026, el mate y el asado -verdaderos termómetros del humor social y pilares de nuestra cultura- registraron caídas significativas en el mercado interno.

Estos datos, que surgen de organismos oficiales y cámaras sectoriales, revelan una transformación forzada en los hábitos cotidianos de una población que, ante la licuación de sus ingresos, se ve obligada a recortar incluso en sus rituales más sagrados.

La yerba mate, el consumo más extendido y federal del país, no logró escapar al enfriamiento económico: los despachos al mercado interno cayeron un 2,1% entre enero y marzo. Lo paradójico del escenario actual bajo la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei es que, mientras la cosecha de hoja verde creció con fuerza superando los 80 millones de kilos, las góndolas se mueven con mayor lentitud. Hay más yerba disponible, pero menos bolsillos capaces de sostener el ritmo de compra anterior, lo que demuestra que el problema no es de oferta, sino de una demanda interna asfixiada por la pérdida de poder adquisitivo.

El golpe más dramático se siente en las carnicerías, donde el asado parece haberse convertido en un objeto de lujo prohibitivo para la clase trabajadora. El consumo de carne vacuna se derrumbó un 10% en lo que va del año, una cifra que representa casi 57.000 toneladas menos en las mesas argentinas respecto al mismo periodo de 2025. Mientras el consumo per cápita retrocede a mínimos históricos, el gobierno nacional celebra el aumento del 11,4% en las exportaciones, evidenciando una política económica que prioriza las divisas externas por sobre la seguridad alimentaria y el acceso de los locales al plato principal de su dieta.

La escalada de precios en el mostrador explica gran parte de este fenómeno recesivo, con cortes populares como el asado y la paleta registrando aumentos interanuales que superan el 65%. Esta dinámica inflacionaria, combinada con una menor faena de hacienda, ha llevado al precio del animal en pie a sus niveles más altos en quince años. En este contexto, el «humor social» que se respira en los barrios es de una creciente resignación, donde el asado del domingo ha dejado de ser un encuentro garantizado para convertirse en un recuerdo de la Argentina previa al ajuste libertario.

En este sombrío panorama, solo el vino logró un respiro estadístico con una leve suba del 1,5%, aunque impulsado casi exclusivamente por las opciones más económicas como el tetra brik y los vinos sin varietal. El retroceso del 10% en los vinos de mayor calidad confirma que la clase media está bajando de escalón en sus consumos, racionalizando cada centavo para intentar sostener sus costumbres. El retroceso simultáneo de la yerba y la carne no es solo una estadística sectorial; es el reflejo de una herida profunda en la identidad colectiva de un país que ve cómo sus símbolos de pertenencia se vuelven inalcanzables bajo el actual modelo económico nacional.