Argentina / Economía | Desplome del IVA en febrero desnuda el fracaso del relato oficial de crecimiento

Pese al optimismo que el presidente ultraderechista Javier Milei intentó proyectar ante la Asamblea Legislativa, los números de la recaudación de febrero trajeron un baño de realidad gélida para las aspiraciones del Gobierno.

El Impuesto al Valor Agregado (IVA), el indicador más directo y cruel del termómetro del bolsillo, sufrió una caída estrepitosa del 13,1% real, confirmando que el consumo no solo no rebota, sino que se está hundiendo. Esta cifra es el síntoma más claro de una economía que se ha «planchado» por completo, donde el enfriamiento del mercado ya no es una proyección teórica, sino una parálisis que se siente en cada ticket de compra y en cada comercio de barrio.

La debilidad de los ingresos fiscales durante el primer bimestre de 2026 echa por tierra la narrativa de una recuperación en «V» o de un alivio inminente para los argentinos. Según datos del Ministerio de Economía, las transferencias automáticas a las provincias cayeron un 7,5% en febrero, acumulando una pérdida de recursos que obliga a los estados subnacionales a realizar ajustes dramáticos en sus propias cuentas. El mercado está congelado: las importaciones de bienes intermedios y piezas de equipo —motores de la producción— también muestran retrocesos de dos dígitos, lo que prefigura un escenario donde la inversión productiva brilla por su ausencia y la actividad económica real parece haber entrado en un coma inducido por el ajuste.

El contraste entre el discurso presidencial del domingo y los datos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) es absoluto. Mientras el oficialismo ratifica su política de superávit fiscal a cualquier costo, la recaudación de impuestos nacionales mantiene una racha negativa que se arrastra desde julio de 2025. Resulta difícil sostener el relato de un país en crecimiento cuando los ingresos por Ganancias caen un 0,9% y otros impuestos coparticipables se desploman más de un 50%. La realidad es que el alivio de la presión fiscal que pregona el Gobierno no ha generado el shock de actividad prometido; por el contrario, ha profundizado un bache recaudatorio que solo se sostiene mediante un recorte del gasto público sin precedentes.

El informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) es lapidario: en solo dos meses, las provincias perdieron $891.000 millones de impuestos nacionales, una masa de recursos que hoy falta en hospitales, escuelas y obras públicas. Esta sangría financiera es el reflejo de un mercado interno exhausto, donde el consumo de bienes básicos ha cedido ante la pérdida de poder adquisitivo. Ni siquiera la moderación en el incremento de la recaudación del Monotributo, que pasó de subas de tres dígitos a un magro 80%, logra maquillar una situación donde la informalidad y la baja de persianas se vuelven la norma frente a una economía que se enfría a pasos agigantados.

Hacia adelante, el panorama para marzo no ofrece señales de tregua. Con la baja del IVA y de Ganancias consolidada, el Gobierno se enfrenta a la encrucijada de profundizar el ajuste para mantener el equilibrio fiscal o aceptar que el motor del consumo está fundido. La caída en la importación de piezas y equipos es el anuncio de que la industria no tiene planes de expansión en el corto plazo, lo que termina por cerrar un círculo vicioso de recesión y desempleo. El optimismo oficial parece haber quedado encerrado en las paredes del Congreso, mientras en la calle, los datos confirman que la economía real está lejos de despegar y permanece atrapada en un invierno financiero que parece no tener fin.