Argentina / Economía | La minería vuela pero trabajadores caen: El modelo de exclusión que define a la era libertaria

El sector minero se ha convertido en el símbolo más cruel de la economía del presidente ultraderechista Javier Milei: su actividad se disparó un 17% interanual, pero en el mismo periodo barrió con el 8,6% de su planta de empleados.

Esta sangría laboral, que ya encadena 19 meses consecutivos de despidos, demuestra que en la Argentina actual el éxito empresarial se construye sobre el descarte de los trabajadores. El dato es demoledor y se repite en los sectores más rentables, donde el crecimiento de la producción convive con el cierre de puestos de trabajo.

La realidad en los bancos y la intermediación financiera sigue el mismo patrón de desprecio por el empleo. Mientras la actividad financiera escaló un 26%, la cantidad de trabajadores contratados cayó un 3%, según el último informe de la UBA. Bajo la lógica libertaria, los sectores que más ganan son los que más gente expulsan, rompiendo definitivamente el vínculo entre expansión económica y bienestar social. No hay derrame ni creación de puestos; hay una optimización extrema donde el capital se multiplica mientras la nómina salarial se achica.

Este escenario de despidos masivos en los sectores ganadores se da en medio de una asfixia salarial que no tiene freno. El salario mínimo ya arrastra una caída real del 39% desde fines de 2023, perdiendo contra la inflación por ocho meses seguidos. El trabajador argentino está atrapado en una pinza mortal: por un lado, el riesgo inminente de perder el empleo en empresas que facturan millones; por el otro, un sueldo que, de conservarse, ya no alcanza para cubrir las necesidades más básicas.

La dinámica del mercado es puramente contractiva y genera una incertidumbre que paraliza. En febrero de 2026, las empresas que solo registraron bajas de personal superaron ampliamente a las que realizaron alguna incorporación, llevando la tasa de desocupación al 7,5%. El programa económico libertario está logrando lo que parecía imposible: que incluso en las actividades «estrella» del modelo, el operario y el empleado administrativo sean vistos como un costo a eliminar para maximizar la rentabilidad de las planillas.

En conclusión, la Argentina se encamina hacia una estructura productiva que desprecia la mano de obra. La recuperación que celebra el gobierno es una cáscara vacía para la mayoría, ya que se concentra en sectores de baja intensidad laboral que pueden producir más con menos gente. Mientras la minería y las finanzas sigan celebrando balances en rojo de personal, la crisis social seguirá profundizándose, dejando a miles de familias fuera de un sistema que ya no ofrece ni estabilidad ni un futuro digno.