Argentina / Economía | El sueño de la casa propia se transforma en una pesadilla de exclusión y casta

La Argentina transita un proceso de degradación habitacional que pulveriza cualquier promesa de ascenso social y libertad económica para las familias trabajadoras. Según el último informe de la Fundación Tejido Urbano, la cantidad de propietarios en el país se desplomó del 67,3% al 61,9% en la última década, confirmando que el acceso a la vivienda ha dejado de ser un derecho o una meta alcanzable para convertirse en un privilegio inaccesible.

Mientras el relato libertario del presidente ultraderechista Javier Milei pregona una prosperidad que no llega a los barrios, la realidad muestra que hoy solo los altos funcionarios y los círculos de poder parecen tener garantizado el techo propio, dejando al resto de la población a merced de un mercado de alquileres asfixiante que ya absorbe a más del 20% de los hogares.

Este retroceso no es un fenómeno aislado, sino que forma parte de una crisis estructural que tira por tierra la narrativa oficial sobre la eficiencia del mercado. La denominada “paradoja de los servicios” revela que, lejos de avanzar hacia la modernidad, miles de familias han retrocedido décadas: el acceso al gas de red cayó drásticamente del 71,4% al 65%, empujando a los hogares a sistemas más precarios y costosos. En este escenario de desamparo, casi la mitad de los hogares argentinos carece de al menos un servicio básico esencial, desnudando la fragilidad de un sistema que prioriza el ajuste fiscal sobre la dignidad de la infraestructura urbana.

La crisis se traslada también al sistema sanitario, donde el desmoronamiento del poder adquisitivo expulsó a millones de personas de las prepagas y obras sociales. La cobertura médica privada cayó del 68,8% al 65,4%, lo que significa que casi dos millones de argentinos se volcaron al sistema público de salud para buscar la atención que ya no pueden pagar. Esta presión adicional sobre los hospitales estatales ocurre en un contexto de desfinanciamiento, dejando a la clase media y a los sectores vulnerables en un callejón sin salida mientras los indicadores de bienestar se deterioran mes a mes.

En materia de déficit habitacional, las cifras son desgarradoras: más de 630.000 hogares habitan viviendas con materiales insuficientes y casi un millón de familias vive en condiciones de ocupación irregular. A pesar de los esfuerzos educativos que muestran un aumento en la escolaridad y en graduados universitarios, el mercado laboral y habitacional actual no ofrece una salida. El joven profesional argentino hoy estudia más que sus padres, pero se encuentra con la imposibilidad absoluta de proyectar un hogar propio, observando cómo la propiedad se concentra en una nueva elite política que parece ser la única beneficiaria del modelo vigente.

La desconexión entre el diagnóstico de las fundaciones y el discurso de la gestión de Milei es total. Mientras el Gobierno se aferra a cifras macroeconómicas, el entramado social se desgarra con más de 1,2 millones de hogares sin saneamiento adecuado y cientos de miles viviendo en zonas inundables o cerca de basurales. La promesa de una Argentina pujante choca de frente contra una realidad donde la casa propia ya no es un sueño, sino una reliquia del pasado que el actual esquema económico ha decidido clausurar para la inmensa mayoría de los ciudadanos.