Detrás de la fachada de eventos tecnológicos y modernización digital, los investigadores identificaron a Sergio Morales —un ex funcionario de la Comisión Nacional de Valores (CNV) y asesor directo de la Presidencia— como el verdadero cerebro operativo que movía los hilos para el beneficio de una organización con tintes delictivos. Morales, quien casualmente «perdió» su teléfono en un robo justo antes de las pericias, funcionaba como el puente de plata entre las ambiciones de Mauricio Novelli y el aval político total de la Casa Rosada, dejando al descubierto una red de favores y retornos que hoy está bajo la lupa penal.
El expediente judicial cuenta con un documento demoledor de más de 1.200 páginas que contiene cerca de 4.400 chats, donde queda claro que el Tech Forum no fue un evento académico, sino una «oficina de recaudación» encubierta. Las directivas de Morales en los grupos de WhatsApp eran tajantes: el objetivo no era atraer inversores genuinos, sino «reunir empresas con el gobierno», una maniobra que los peritos sospechan se realizaba a cambio de suculentas sumas de dinero para aceitar el lanzamiento del token $LIBRA. Mientras Karina y Javier Milei mantenían comunicaciones permanentes con los organizadores, el aparato estatal se ponía al servicio de esta banda, otorgando nombramientos de alta jerarquía en la CNV a personajes que, apenas días después, estarían operando la estafa desde las sombras.
La complicidad de los hermanos Milei en esta estructura resulta difícil de ocultar ante la evidencia de las triangulaciones telefónicas y los acuerdos de asociación hallados en los dispositivos secuestrados. Según los documentos, Morales figuraba como el «representante del Estado» en un contrato espurio con el controvertido Hayden Davis, lo que confirma que la cúpula del poder ultraderechista no solo estaba al tanto, sino que formaba parte activa de la ingeniería delictiva. La desesperación por capitalizar la imagen presidencial llegó al punto de comprar «likes» para inflar la relevancia de los anuncios, mientras Morales bajaba línea sobre qué decir y qué ocultar para no espantar a la justicia antes de tiempo, siempre bajo la premisa de complacer «lo que le encanta a Javier».
El rol de la «patota digital» y los asesores de la Web3 en este esquema muestra una organización profesionalizada para el engaño masivo, donde cada movimiento requería la aprobación del círculo íntimo de los Milei. Los chats revelan un festejo casi obsceno cada vez que el presidente retuiteaba o confirmaba su participación en los eventos de la organización, entendiendo que el sello oficial de la Presidencia era la garantía necesaria para atraer a los sponsors y víctimas de $LIBRA. «Ahora nadie puede dudar de nosotros», celebraba Novelli en la intimidad de los chats, confiado en la impunidad que le otorgaba el trato directo con el mandatario y su hermana, a quienes consideraban los protectores políticos de su lucrativa aventura criminal.
Hoy, la investigación avanza sobre las imprecisiones y las mentiras oficiales vertidas incluso en el Congreso para proteger a Morales y al esquema de los Milei. Las múltiples llamadas registradas el 14 de febrero de 2025 entre los teléfonos de los hermanos Milei y los administradores de la estafa desmienten cualquier intento de despegarse de la banda de $LIBRA. Lo que comenzó como un relato de innovación tecnológica ha terminado revelando la cara más oscura de una organización que utilizó las estructuras del Estado y la figura presidencial para montar un negocio delictivo a escala internacional, dejando a Sergio Morales y a los hermanos Milei en el centro de un escándalo que recién comienza a mostrar sus ramificaciones más profundas.

