Argentina / Economía | Alarma por mora récord: Las deudas en fintech y financieras no bancarias se disparan al 25%

El sistema financiero argentino ha ingresado en una zona de peligro extremo con niveles de morosidad en tarjetas de crédito que no se veían desde la crisis de 2001. Si bien el sistema bancario tradicional ya registra un preocupante 11% de irregularidad, el escenario es verdaderamente dramático en el circuito no bancario.
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En el ecosistema de las billeteras digitales y las fintech, la mora ha escalado hasta el 25%, una cifra récord que refleja el agotamiento del modelo de financiamiento para los sectores de menores ingresos, jóvenes y jubilados, quienes hoy encabezan las listas de deudores incobrables.

Este fenómeno se produce en un nuevo contexto económico donde, al haber una menor inflación, las deudas familiares han dejado de «licuarse» y el peso real de las cuotas se ha vuelto insostenible. Mientras que en enero de 2025 la mora en tarjetas bancarias era de apenas el 2%, un año después saltó al 11%, pero el sector fintech triplica esa velocidad de deterioro. El problema radica en una desregulación de tasas que permite intereses de refinanciación superiores al 120% anual, provocando que los saldos impagos se cuadrupliquen en cuestión de meses y atrapen a los usuarios en una espiral de deuda de la que es imposible salir.

El perfil de los afectados revela la profundidad de la crisis social: el 40% de los jóvenes enfrenta dificultades para pagar y la morosidad en los jubilados se multiplicó por cuatro en el último año. Cerca de 5 millones de argentinos están hoy en una situación financiera crítica, enfrentando intereses punitorios elevados y el riesgo inminente de embargos o reportes negativos en el Veraz. A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia, hoy no existe un paraguas regulatorio del Banco Central que postergue los vencimientos, dejando a las familias expuestas a las tasas reales positivas del programa económico del presidente ultraderechista Javier Milei.

Ante la magnitud del desastre, el Congreso de la Nación ha comenzado a discutir proyectos de ley como el de «Segunda Oportunidad», que busca una reestructuración de deudas con mediación estatal. La iniciativa propone eliminar intereses por mora y establecer un tope de cuota que no supere el 30% del ingreso familiar, intentando frenar una exclusión financiera masiva. Por su parte, los bancos y entidades digitales empiezan a evaluar planes de pago de emergencia de hasta 24 meses con tasas fijas reducidas, en un intento desesperado por evitar que sus carteras de crédito se vuelvan totalmente irrecuperables.

La dinámica actual marca un quiebre sistémico donde el crédito, antes una herramienta de consumo, se ha transformado en un factor de riesgo para la estabilidad de los hogares. Para las familias que recurren a las financieras no bancarias por falta de acceso al sistema tradicional, el costo de vida se ha vuelto impagable, convirtiendo a la deuda en tarjeta en el principal síntoma de una recesión que no da respiro. Sin una recuperación de los ingresos que compense el peso de las obligaciones financieras, la crisis de deuda familiar amenaza con transformarse en un problema social de largo aliento.