Argentina / Economía | «Sin industria no hay Nación»: el desesperado grito de la UIA frente al ajuste ciego de Milei

La industria argentina ha roto el silencio con una advertencia que resuena como un mazo sobre el tablero político. Tras el discurso de apertura de sesiones en el Congreso, la Unión Industrial Argentina (UIA) lanzó un duro comunicado rescatando una máxima histórica de Carlos Pellegrini: "Sin industria no hay Nación".

El mensaje, cargado de urgencia, expone la fractura entre el sector productivo y el modelo económico del presidente ultraderechista Javier Milei, cuyas políticas de apertura y ajuste están empujando a las pequeñas y medianas empresas hacia un abismo de inactividad, asfixia fiscal y despidos masivos que amenazan el tejido social del país.

El diagnóstico de la entidad que preside Martín Rapallini es devastador y contradice el optimismo oficialista. Las cámaras industriales, especialmente las del Norte Grande —una región que ya padece el peor poder adquisitivo de Argentina—, denunciaron que la «transición» hacia el esquema de Milei está lejos de ser un proceso ordenado. Por el contrario, la realidad en las fábricas es de una parálisis crítica, con falta de financiamiento y una caída del empleo que golpea con más fuerza donde el Estado ha dejado de invertir. Para los industriales, el experimento libertario está ignorando que detrás de cada persiana que se baja hay un capital social y humano que no se recupera con planillas de Excel.

La UIA recordó con cifras contundentes que el sector no es un actor secundario, sino el motor que Milei parece estar apagando. La industria genera el 19% del PBI, aporta el 27% de la recaudación nacional y sostiene, directa e indirectamente, a más de 3.600.000 trabajadores. Al atacar al empresariado en su discurso, el mandatario ultraderechista no solo golpea a quienes invierten, sino que pone en riesgo el sustento de millones de familias. «El respeto es condición básica del desarrollo», disparó la entidad, dejando claro que no aceptarán ser el chivo expiatorio de las distorsiones estructurales que el propio Ejecutivo agrava con su intransigencia.

Aunque el comunicado intenta tender puentes reconociendo la baja de la inflación, el tono general es de una resistencia obligada por la supervivencia. La UIA subrayó que la industria debe competir con el mundo, pero que es imposible hacerlo bajo una presión impositiva asfixiante y costos financieros que el gobierno de Milei no ha logrado normalizar para la producción real. La exigencia de una agenda que reduzca las distorsiones es, en realidad, un pedido de auxilio ante un modelo que prioriza el equilibrio fiscal a costa de dejar el mapa nacional lleno de galpones vacíos y máquinas detenidas.

Sobre el cierre, la entidad empresarial fue tajante al afirmar que «la industria es parte de la solución», una frase que funciona como un recordatorio de que ningún país ha logrado la prosperidad destruyendo su capacidad de agregar valor. El choque de visiones es total: mientras el presidente ultraderechista Javier Milei profundiza su cruzada ideológica contra el Estado y los sectores protegidos, los industriales advierten que, sin un cambio de rumbo que proteja la producción local, el futuro de la Argentina como nación soberana está en serio peligro.