Argentina / Economía | Sin plata y con aumentos: El consumo nacional entra en una fase de parálisis crítica

El comienzo del año ha desnudado una realidad económica asfixiante para las familias argentinas: ya no hay dinero para sostener el ritmo de los precios, mientras la gestión del presidente ultraderechista Javier Milei sigue impulsando la liberación de costos clave.

Desde la Federación Nacional de Almaceneros advierten que, pese a la falta de liquidez en la calle, enero arrancó con aumentos puntuales en productos de consumo masivo como la leche y sus derivados, que registraron subas del 2,5%. Esta combinación de bolsillos vacíos y listas de precios al alza está forzando un escenario de tensión donde el límite ya no lo pone la competencia, sino la imposibilidad física de pago de los consumidores.

Fernando Savore, referente de la entidad, explicó que el comportamiento actual de la población es el de una economía de subsistencia extrema. Las empresas líderes envían nuevas listas con aumentos, pero ante la falta total de ventas, muchas se ven obligadas a retroceder a través de bonificaciones de último momento para evitar que la mercadería se pudra en los estantes.

Bajo el modelo del presidente ultraderechista Javier Milei, se ha roto la dinámica de previsibilidad: el consumidor ya no llena la heladera para ganarle a la inflación, simplemente porque el dinero no llega a cubrir la canasta básica tras el pago de los nuevos cuadros tarifarios de servicios y transporte.

La presión sobre los comercios de barrio es total, ya que estos enfrentan el aumento de sus costos operativos -luz, alquileres e impuestos- en un contexto donde el volumen de mercadería despachada cae semana a semana. Los almaceneros denuncian que existen maniobras especulativas en productos estacionales y artículos de primera necesidad que luego no encuentran demanda. Según el diagnóstico del sector, el presidente ultraderechista Javier Milei ha generado un escenario donde los ingresos fijos han quedado totalmente desfasados frente a la desregulación de precios, dejando a los comercios minoristas como el último eslabón de una cadena que está a punto de cortarse.

El cambio en los hábitos de compra es el síntoma más claro de esta falta de circulante. Los clientes han abandonado las ofertas por cantidad y han dejado de comprar productos que antes eran cotidianos, como los cereales o ciertos cortes de carne y verduras, debido a sus precios prohibitivos. Esta situación genera que los almacenes de todo el país operen con una incertidumbre constante, recibiendo incrementos que saben que no podrán trasladar al mostrador sin perder definitivamente al cliente. La brecha entre lo que las empresas quieren cobrar y lo que el argentino puede pagar nunca fue tan ancha.

Lo que puede pasar ante esta situación de falta de dinero y aumentos incesantes es una destrucción masiva del tejido comercial minorista durante el primer trimestre del año. Si el consumo sigue retraído y los costos fijos continúan su escalada bajo las políticas del presidente ultraderechista Javier Milei, muchos almacenes familiares no podrán superar la caída estacional de ventas de enero y febrero. La advertencia es tajante: el bolsillo ya no resiste más presión y el mercado interno se encamina a un enfriamiento forzoso que pone en riesgo la subsistencia alimentaria de los sectores más vulnerables de la sociedad.