El funcionario rompió el silencio en una entrevista televisiva para admitir que su pareja formó parte de la comitiva de la «Argentina Week», justificando el privilegio en una necesidad estrictamente personal. Según Adorni, el viaje de Angeletti a Miami ya estaba planeado para febrero, pero decidió que lo acompañara en la aeronave del Estado simplemente porque era su «deseo» y ella es su «compañera de vida».
La explicación del jefe de Gabinete intentó minimizar el impacto ético del hecho asegurando que la invitación formal provino de Presidencia y que su presencia no implicó un gasto extra para las arcas públicas. Sin embargo, el uso de infraestructura oficial para fines familiares choca de frente con la retórica de austeridad que el propio Adorni defiende diariamente desde el atril oficial. «Presidencia la invitó a subirse al avión porque si no, no nos íbamos a encontrar», argumentó el funcionario, dejando al descubierto que la logística estatal fue puesta al servicio de su agenda conyugal.
Mientras justificaba el beneficio para su entorno íntimo, el jefe de Gabinete aprovechó su estadía en el exterior para lanzar duras críticas a la gestión anterior, acusando al peronismo de dejar una «tierra arrasada». No obstante, la contradicción entre el discurso de «combate a la casta» y el uso del avión presidencial como transporte familiar generó un inmediato escándalo que opacó sus actividades oficiales en Nueva York. Para Adorni, el hecho de estar «deslomándose» durante cinco días en el extranjero parece ser motivo suficiente para disponer de los recursos del Estado en beneficio de su esposa.
El episodio reaviva la polémica sobre los criterios de invitación y acompañamiento en las misiones oficiales, especialmente en una administración que se jacta de eliminar privilegios. El jefe de Gabinete insistió en que «no le sacaron un peso al Estado», obviando que la aeronave presidencial es un bien público destinado exclusivamente a funciones gubernamentales y no a traslados de cortesía para familiares de funcionarios de alto rango que, según sus propias palabras, no querían postergar un reencuentro personal.
Con esta confirmación, el escándalo escala en un momento de máxima sensibilidad social. La imagen de Angeletti a bordo del avión oficial, bajo la excusa del acompañamiento afectivo, se convierte en un símbolo del «capricho» ministerial que el Gobierno intenta presentar como un gesto de normalidad. Mientras el país atraviesa meses de privaciones económicas, la cúpula libertaria parece encontrar en los recursos públicos la solución para sus necesidades domésticas en el exterior.

