Argentina / Economía | La construcción se desploma hasta un 70% en Misiones y empresas luchan por no desaparecer

El sector de la construcción en nuestra provincia enfrenta una de sus crisis más profundas de las últimas décadas, con una retracción de la actividad que ya se sitúa entre el 60% y el 70%. El ingeniero Óscar Marelli, presidente de la delegación provincial de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), describió un panorama desolador donde las empresas locales ya no operan bajo lógicas de rentabilidad, sino que apenas logran "subsistir" en un entorno de paralización casi total.

Este escenario crítico es el resultado directo de un freno prolongado en la obra pública por parte del gobierno del presidente ultraderechista Javier Milei, sumado a una desaceleración drástica de la inversión privada que no encuentra incentivos para iniciar nuevos proyectos.

La parálisis de la infraestructura nacional, que ya arrastra más de dos años sin nuevos proyectos ni mantenimiento de los existentes, ha dejado un vacío imposible de llenar para el sector. Marelli advirtió que la falta de inversión en energía, conectividad y redes de agua no solo golpea a las constructoras, sino que hipoteca el crecimiento y la productividad de toda Misiones a largo plazo. Sin el motor del Estado nacional, las empresas se ven forzadas a refugiarse en pequeñas obras de mantenimiento escolar o intervenciones menores del Estado provincial para intentar sostener sus estructuras mínimas y evitar el cierre definitivo.

En el ámbito privado, la situación se configura como un «combo explosivo» que asfixia financieramente a los desarrolladores. Mientras el dólar y la mano de obra continúan en una escalada ascendente de precios, el valor de las propiedades permanece estancado debido a la inexistencia de una demanda con capacidad de pago. Este cuello de botella impide que las empresas trasladen los incrementos de costos al precio final, erosionando cualquier margen de ganancia. A este drama se suma la falta de capitales genuinos y tasas de interés que vuelven prohibitivo cualquier intento de financiamiento externo para nuevos emprendimientos.

Ante la prolongación de esta agonía financiera, el fantasma de los concursos preventivos comienza a sobrevolar el sector como una herramienta de última instancia para evitar la quiebra. Aunque todavía no se ha registrado una ola masiva de procesos judiciales, la persistencia de la crisis económica nacional podría desencadenar este desenlace en el corto plazo. Los anuncios sobre licitaciones de corredores viales nacionales tampoco aportan alivio, ya que, al ser obras dependientes de maquinaria pesada y poco intensivas en mano de obra, no representan una solución real para la desocupación que golpea a los trabajadores del rubro.

El horizonte para los constructores misioneros permanece cubierto de incertidumbre y pesimismo. A pesar de los esfuerzos por mantener las persianas levantadas, no se vislumbran señales claras de reactivación por parte del Ejecutivo nacional, y las expectativas de una mejora hacia fin de año dependen de factores macroeconómicos que hoy parecen lejanos. «La realidad es que por ahora no se avizora nada claro», sentenció el titular de CAMARCO, dejando en evidencia que, sin un cambio urgente en la política de inversión pública, el sector corre el riesgo de quedar reducido a cenizas antes de que lleguen los pretendidos «vientos de cambio».